lunes, 21 de septiembre de 2009
jueves, 17 de septiembre de 2009
Cerro de Montecristo, la joya pisoteada
| Gades, la primera ciudad en el extremo occidente del Mediterráneo, pasadas las Columnas de Hércules, data su antigüedad en torno al año 1.100 antes de Cristo. La vieja Gadir era el punto final de un periplo por el Mare Nostrum que comenzaba en las ciudades-estado de Tiro y Sidón y que bordeando ese mar interior, hacía escalas en las actuales Grecia, Italia, sus islas, Francia, Ibiza y las costas levantinas y andaluzas, para volver desde Gadir, por el norte del Magreb y Libia, de regreso a las costas fenicias, hoy Líbano, aprovechando las corrientes del Estrecho. No es descabellado pensar que hasta Fenicia hubieran llegado los ecos de una civilización avanzada y estructurada, aunque ya en fase decadente, asentada en el sur de la península: Tartessos. Cuando los fenicios llegaron a la isla gaditana, conocieron, sin duda, parte del esplendor de Tartessos, el enigmático estado de las proximidades de las desembocaduras de tres ríos Guadalete, Guadalquivir y Guadiana y, junto a aquellos restos fundaron la ciudad, que luego fue aliada y finalmente una de las más importantes del Imperio, hasta el punto que la calzada más destacada de todas las grandes construcciones, fue la vía de Gades a Roma. En el sur peninsular, los fenicios establecieron puertos de abastecimiento y refugio equidistantes entre sí, de manera que la navegación era segura. Así fueron naciendo asentamientos portuarios, unos desaparecidos y con escasa importancia y otros relevantes no sólo para los fenicios, sino para las civilizaciones posteriores. Nacen, casi de manera simultánea, Baria, Abdera, Sexi, Malaca, Carteya. Los fenicios se asentaron y fortificaron Abdera, situada sobre un montículo alargado en dirección norte-sur, que se adentraba en el Mediterráneo en la desembocadura del río -hoy Río Adra- cuyo delta formaba una pequeña bahía natural, a resguardo de los vientos de poniente y levante.
En los siglos XVII y XVIII de nuestra Era, la importancia arqueológica del Cerro de Montecristo es reflejada en obras de eruditos de la época que destacan los restos romanos, a los que hace referencia el Diccionario de Pascual Madoz, a mediados del XIX. Los grandes propietarios que se afincaron en Adra para la explotación de los ingenios del Azúcar y la fundición de plomo, sí valoraron esa importancia y en sus colecciones privadas figuran buena parte de piezas extraídas del Cerro y su entorno, dando éstas una ligera idea de la riqueza arqueológica del enclave.
Desde la década de los sesenta, fueron muchos los abderitanos que sólo o en grupos, incluso de estudiantes llevados por sus maestros, subieron al cerro para excavar y apropiarse de lo encontrado. Pero tras eso, las únicas excavaciones arqueológicas dignas de esa denominación son las llevadas a cabo por Manuel Fernández Miranda en 1970 y 1971 y las que vienen realizando equipos en los que participó o dirigió el arqueólogo José Luís López Castro, siendo destacados los estudios llevados a cabo por En los últimos años, la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Adra se han interesado por el Cerro de Montecristo, cofinanciado por la Unión Europea, proyectos de estudio y catas, que están dando excelentes resultados, porque la destrucción sistemática no ha podido acabar con los cimientos de aquella civilización.
La declaración del recinto arqueológico como Bien Cultural andaluz no ha impedido que la propia administración permita la construcción de nuevas edificaciones, una de ellas justo en la línea que debería seguir el lienzo de muralla fenicia encontrada, levantando un edificio de cuatro plantas, entre esta muralla y las piletas romanas de salazón, que testimonian la importancia de Abdera como factoría exportadora de pescados y salsas en la época romana, en la que llegó a tener ceca propia, acuñándose las monedas con el templo tetrástilo con columnas sustituidas por dos atunes. El destrozo del Cerro de Montecristo es evidente, en donde no se respeta la norma de recintos arqueológicos ni por los mismos que deben protegerla. Un cinturón de nuevas construcciones asfixia toda el área y aumentan sin miramientos corralizas y patios traseros a las edificaciones y en lo más alto del cerro, las tareas de construcción de tres invernaderos, roturaron la tierra y siguen labrando, bajo la que está la más preciada joya arqueológica. Los intereses privados por una parte, los económicos por otra y la incultura sobre todo ello, son las losas que ocultan, cuando no destruyen para siempre, un legado que no pertenece a una generación concreta, sino que es la referencia, el punto inicial para nuestras señas de identidad. | |||||||||
Por Fco. Benitez-Aguilar
viernes, 27 de febrero de 2009
Miranda de Ebro
En busca de la ciudad perdida, el yacimiento de Arce-Mirapérez
http://www.sietesemanal.com/sociedad/4011.php
lunes, 9 de febrero de 2009
Ludi Circenses en el Circo Romano de Emerita
El Circo romano era una de las instalaciones lúdicas más importantes de las ciudades romanas. Junto con el Teatro y el Anfiteatro formaba la trilogía del ocio y la cultura romana por antonomasia. El Circo Romano de Mérida se encuentra en las afueras de la ciudad romana, junto al valle del río Albarregas, en una zona de fácil comunicación y cómodos accesos. El suave declive del terreno fue aprovechado para acomodar parte del graderío.Los restos de este tipo de construcciones son escasos, ya que al tratarse de construcciones generalmente muy extensas en superficie, habitualmente estos solares han sido reedificados, perdiendo así su estructura general. El circo de Mérida, debido a su gran extensión, fue edificado a unos 500 m. fuera de la muralla, en una vaguada situada en un lateral de la vía de acceso a la ciudad, al lado de la calzada que unía Emerita con Corduba (Córdoba) y Tolletum (Toledo).
Es el circo mejor conservado de Hispania y uno de los mayores del mundo romano. No puede determinarse con certeza la fecha de su construcción (se supone su inicio hacia el año 20 y su inauguración en el 50), además, las competiciones que se celebraron en ella gozaron de gran aceptación por el público, por lo que se remodeló y actualizó permanentemente, pero hay constancia de que en el siglo IV d.C. el conde Tiberio Flavio Leto y el gobernador Julio Saturnino reconstruyeron el circo, según reza una inscripción conservada en el Museo Nacional de Arte Romano, que testimonia la restauración del circo por parte de los sucesores de Constantino el Grande, entre los años 337 y 340, dando fe de la importancia oficial que se concedía a estos edificios, y de cómo servían a los emperadores para su mayor honra y prestigio ante la población.
El interior del Circo emeritense es de unos 30.000 metros cuadrados y posee una longitud de 403 metros y una anchura de 96,50 m. (115 m. incluyendo el graderío).Este Circo poseía una capacidad aproximada de unos 30.000 espectadores. En el centro de la arena se encontraba el muro de separación (spina) de más de 230 m. Esta spina se decoró con obeliscos, pilastras y esculturas cuyas huellas se pueden apreciar aún hoy en los restos de su cimentación. Alrededor de ella corrían los carros conducidos por los diestros aurigas, generalmente de dos caballos, bigae, o de cuatro, quadrigae. Por las dimensiones de la pista es difícil que pudieran competir más de cuatro carros a la vez (en el caso de bigae se llegaría incluso a carreras con 12 carros).Cada carrera (missus) constaba de siete vueltas (spatia) en sentido contrario a las agujas del reloj y las metas estarían en ambos vértices de la spina.

La spina emeritense es de hormigón, de unos 8.5 m. de anchura y está levantada sobre un podium de 95 cmm. de altura, que corre a lo largo de 233 m. Dicha spina no está situada en el centro exacto de la arena, ya que el corredor del lado sur es algo más espacioso que el del lado norte. Las entradas de acceso para los carros se conservan bastante bien, en concreto la monumental Porta Pompae o puerta de los desfiles, de donde partía el cortejo previo a la competición, compuesto por músicos, aurigas participantes, sacerdotes e imágenes de dioses. Junto a ella encontramos los restos de doce carceres, seis a cada lado,(lit. cárcel, calabozo), barreras, puntos de salida de los carros. Estas carceres eran rectangulares, con cuatro pilares en sus vértices y un muro perimetral con pilastras adosadas. Desde estos recintos se accedía a las posiciones de salida de las carreras. En el lado opuesto se encontraba la Porta Triumphalis o puerta del triunfo.
El graderío perimetral (caveae divididas de forma clásica en ima, media y summa), como ya hemos señalado, tendría capacidad para unos 30.000 espectadores, y en él se ubicaban dos palcos, uno para los jueces del espectáculo (tribunal iudicium) y otro, el presidencial, para las autoridades y las personas que sufragaban los juegos. La grada sur se edificó sobre la ladera de una vaguada y la norte sobre una estructura de arcos. Tenía 11 filas de asientos separadas por un pasillo perimetral, gradas ya apreciadas a principios del siglo XIX por Alexandre de Laborde en los bellísimos grabados contenidos en su Voyage Pittoresque et Historique de l'Espagne.

La fachada exterior del Circo era paralela a la vía de acceso a la ciudad, decorada con arcos ciegos y pilastras adosadas y revestida de placas de granito. Su fábrica interna era de mampostería y hormigón.
Hay que decir que el uso del Circo fue más extenso en el tiempo que el del Teatro y Anfiteatro, ya que las normas cristianas eran más benevolentes con estos incruentos espectáculos de carreras, aunque con la implantación oficial definitiva del cristianismo, sucedió lo mismo que en el Teatro, Anfiteatro y demás recintos dedicados al ocio.
En los concilios de Elvira y Arlés, celebrados a principios del S.IV, fue donde prohibieron las profesiones de aurigas y cómicos:si auriga aut pantomimus credere uoluerint, placuit ut prius artibus suis renuntient et tunc demum suscipiantur, ita ut ulterius ad ea non reuertantur; qui si facere contra interdictum temtauerint, proiciantur ab ecclesia
"si un auriga o un pantomimo quisieran creer, se decide que primero renuncien a sus artes y sólo entonces sean admitidos, de tal modo que no vuelvan a aquéllas más tarde; por lo que si intentaran obrar contra la prohibición, sean expulsados de la Iglesia".
Como ya se ha señalado anteriormente en torno a los años 337-340 se llevó a cabo una reforma por uno de los hijos de Constantino el Grande. El motivo era porque se caía "de viejo", y se llenó de agua según consta en la inscripción hallada junto a las carceres. Dicha inscripción se halla en una lápida conmemorativa de la restauración del circo y su habilitación para espectáculos acuáticos que reza el siguiente texto:
Floren[tissimo ac b]eatissimo s[ae]culo favente / feli[ci]tate [et clementia] dominorum Imperatorumque / nostror[um Flav(i) Claudi Constantini] maximi victoris / et Flav(i) Iul(i) Constanti et Flav(i) Iul(i) [Constan]tis victorum fortissi/morumque semper Augustorum circum vetustate conlapsum / Tiberius Flav(ius) Laetus v(ir) c(larissimus) comes columnis erigi novis ornamen/torum fabricis cingi aquis inundari disposuit adque(!) / ita insistente v(iro) p(erfectissimo) Iulio Saturnino p(raeside) p(rovinciae) L(usitaniae) ita conpetenter / restituta eius facies(!) sp[l]endidissimae coloniae Emeriten/sium quam maximam tribuit voluptatem"En este tan floreciente y bienaventurado siglo, con el favor dichoso de la época de nuestros señores y emperadores Flavio Claudio Constantino, pío, feliz y máximo vencedor, Flavio Julio Constancio y Flavio Julio Constante, vencedores y augustos siempre poderosísimos, Tiberio Flavio Leto, ilustrísimo varón y conde, ordenó que el circo, derruido por la vejez, fuera reconstruido con nuevas columnas, rodeados de construcciones ornamentales y anegado con agua y así, continuando Julio Saturnino, perfectísimo varón y gobernador de la provincia de Lusitania, su aspecto reconstruido con acierto proporcionó a la ilustre Colonia de los Emeritenses la mayor dicha que pensarse puede."
Se supone que el Circo siguió utilizándose, haciendo caso omiso al edicto eclesiástico, ya que en el S.VI d.C., según datan la lapida sepulcral del auriga Sabinianus, enterrado en la basílica de Casa Herrera, aún se celebraban carreras. Sobre la inscripción de este auriga se encuentra un motivo típicamente cristiano: un cáliz semicircular flanqueado por palomas con ramas delante de ellas. Sólo se conserva parte de las tres primeras líneas de la inscripción:
Sabinianus auriga / requieuit in pace et ui/[xit an]nis XLVI di"Sabinianus, auriga, descansó en paz y vivió 46 años"
Es más, hay que dejar claro que muchos aurigas profesaron la fe de Cristo ya que el auriga se jugaba la vida en cada carrera, pudiendo morir en cualquiera de los accidentes que, con cierta frecuencia, se producían en la arena del circo. Es natural, por tanto, que fueran gentes supersticiosas y que incluso fueran devotos creyentes de creencias que les asegurasen, no sólo la salvación del cuerpo, sino, además, en caso de un desastre irreparable, la salvación del alma.
Entre el inmenso abanico de religiones mistéricas, venidas en su mayoría de Oriente, no se puede descartar el cristianismo( además, a pesar de la incondicional condena de los Padres de la Iglesia, la única forma que tuvo el cristianismo de vencer a los juegos fue haciéndolos suyos, como vino haciendo durante siglos con muchos otros aspectos del mundo pagano)

La pasión que despertaba este espectáculo se puede apreciar en las pinturas, esculturas y mosaicos de temática circense (significativos del deseo de victoria para los aurigas son la leyenda uincas, que aparece a menudo bajo su forma griega nika en algunos mosaicos, el nombre de los favoritos: Eutimi uincas, Pannoni nika(aparecidos en pseudo-monedas contorniatas), Marcianus nicha, el nombre del auriga asociado a su factio: Eustorgius in prasino; Domninus in veneto o la aparición del monograma PL (o PE), interpretado como símbolo de la victoria y que hacía alusión a la palma y a la corona de laurel: palma et laurus), así como textos literarios relativos al mismo, destacando el auriga lusitano Cayo Apuleyo Diocles, que triunfó en Roma como mejor conductor de carros de todos los tiempos, suponiéndosele el inicio de su meteórica carrera en el Circo de Emerita.
Hoy en día relacionamos los espectáculos circenses romanos con las carreras de cuadrigas, pero en realidad constaban de muchas y diversas actuaciones, sucediéndose las exhibiciones hípicas mezcladas con acrobacias, carreras de atletas, o las carreras de dos (bigae), tres (trigae), cuatro (quadrigae) o más caballos (en ocasiones se llegaban a juntar en un mismo tiro 6, 8 o 10 caballos, decemiuges), todo ello con una entrada espectacular precedida por el sonido de las trompetas. En la spina se podía ver cómo las figuras que la decoraban eran retiradas una a una, generalmente huevos de piedra o estatuillas de delfines, según se sucedían las vueltas (vienen aquí a la mente las imágenes de las carreras de quadrigae de la película Ben-Hur).
Las carreras empezaban con el lanzamiento de un pañuelo blanco (mappa), gesto realizado por el organizador del evento, cónsul o magistrado, personaje ataviado de manera ostentosa, y bajo él, en la arena, los carros estaban ordenados según les había correspondido en un sorteo previo situándose los aurigas con sus caballos y delante de ellos una cuerda atada a piezas de mármol para marcar la salida rápidamente de modo que, al comenzar al mismo tiempo, la carrera fuese más justa.
Cada uno de los equipos eran llamados factio, bien diferenciados por un color, el blanco de la factio albata, el verde de la factio prasina, el azul de la factio veneta y el rojo de la factio russata(durante la República existían solo dos factiones, la russata y la albata. A comienzos del siglo I se añade la factio prasina y la factio veneta y a finales del siglo III, los "blancos" se unieron a los "verdes", y los "rojos" a los "azules", aunque no dejaron de existir en la arena).Esto ayudaba al público a identificar a su equipo y hacer apuestas a la cuadriga vencedora. Cada factio estaba compuesta por los conductores de los carros (aurigae muy bien pagados como las actuales estrellas de fútbol o F1), mozos de cuadra, adiestradores (doctores y magistri), veterinarios (medici), reparadores (sarcinatores), guarnicioneros (sellarii), guardas de cuadra (conditores), palafreneros (succonditores), almohazadores y abrevadores encargados de refrescar con agua los ejes de los carros y los caballos (sparsiores), así como los iubilatores, los hinchas que con sus gritos animaban a su cuadra y a sus carros siguiéndolos a pie o a caballo.
Al inicio de la carrera el estruendo era increíble ya que cuanta más dificultad mayor era la expectación, los circos eran relativamente estrechos así que cuando la factio giraba se podrían producir choques entre ellos o contra las columnas. Una carrera limpia era una carrera aburrida y un auriga arriesgado se convertía en un ídolo de masas, parecido si cabe a la popularidad de los grandes gladiadores romanos. Como más arriba se ha señalado, completaban siete vueltas (algo más de ocho kilómetros), después de las cuales, el vencedor recibía la aclamación del público y compensaciones económicas por parte del organizador (o en Roma incluso por el emperador).
Más pasión que la lucha (munera gladiatoria) desataron en Roma las carreras de carros, llegando incluso a producir divisiones partidistas entre los asistentes. Arrastraba tantas o más pasiones que el fútbol actual en el mundo antiguo.

En su origen las carreras se celebraban en honor de Consus, una deidad agraria por lo que el evento se integró en las fiestas celebradas en abril para honrar a la diosa de la cosecha, Ceres (Cerealia). La carrera iba precedida también de un desfile (pompa) que en Roma partía del Capitolio, atravesaba el foro y llegaba al Circo Máximo. Tras el desfile se procedía al sorteo para determinar el lugar de salida de cada una de las facciones en liza: blancos, azules, rojos y verdes. Los carros estaban tirados generalmente por cuatro caballos y se situaban en su correspondiente carcer. El presidente daba la salida, momento en el que estallaba el delirio. La carrera no era una cuestión de rapidez sino de táctica y técnica. Colocarse bien y obstaculizar los progresos del contrario era más importante que poseer caballos veloces.
Los aurigae o agitatores iban de pie sobre los carros armados con su fusta, vestidos con una túnica corta sujeta al cuerpo con correajes, la tela de la túnica era del color de la facción a la que pertenecía, la cabeza estaba protegida por un casco y llevaban un pequeño cuchillo en el cinturón para cortar las riendas en caso de caída ya que muchas veces iban atadas al cinturón. El equino fundamental era el de la izquierda (funalis), enganchado en la parte externa del carro por medio de una cuerda (funis) para que al dar la vuelta a la meta, hiciese una curva muy cerrada, ganara tiempo y el carro no volcara.El caballo de la izquierda estaba unido al eje y el de la derecha al lateral en marcha, en lugar de por un yugo, como estaban unidos los caballos del centro (introiuges). La compenetración del auriga con este caballo, después de muchos entrenamientos, debía ser total, ya que debía realizar los giros guiando al resto de caballos. Con las riendas atadas a la cintura, los aurigas iban muy tensos ya que tenían que hacer un doble esfuerzo: mirar adelante, alentar y conducir a sus caballos, controlando que no volcaran por exceso de velocidad, mientras evitaba que algún carro que quisiera adelantarlo chocara con él o le hiciera chocar contra las paredes y sufrir un accidente.
Era bastante fácil volcar el carro, chocar contra la spina o contra otro carro, lo que en el argot se llamaba "naufragar".
En caso de peligro o accidente (naufragium), el auriga cortaba las riendas con un cuchillo para no ser arrastrado por los caballos y el carro. La victoria se decidía en los últimos metros, cuando el público enloquecía apoyando a su factio. Incluso existía cierta correspondencia cromática con las clases sociales. Los partidarios de la factio veneta se reclutaban entre los miembros de la aristocracia mientras los de la factio prasina eran gentes de estrato más humilde. El espíritu partidista llegó a provocar enfrentamientos entre los espectadores, llegándose a producir trifulcas propias de ultras, tiffosi y hooligans.
Como ocurrió con los más famosos gladiadores, algunos aurigas y sus caballos también alcanzaron la fama, especialmente entre las damas, celebrándose sus victorias y sus gestas amorosas. Sin embargo, encontramos aquí una importante contradicción. El pueblo los admiraba, pero los despreciaba al mismo tiempo. La fama de los aurigas iba acompañada de una pésima reputación, debido a la supuesta vida disoluta atribuida a las personas que protagonizaban los espectáculos de todo tipo.
El pueblo, aunque los admiraba, no quería para sí su popularidad, prefiriendo ser totalmente desconocido, e incluso odiado, a tener la fama que tenían ellos. Pese a ello, los aurigae eran verdaderos héroes que hacían ganar y ganaban grandes sumas de dinero y honores. Además de dinero y regalos, el premio para el vencedor de la carrera era una palma que mostraba con orgullo al enfervorecido público que le había apoyado. Los nombres de Escorpo, Diocles, Sabinianus o Eutiques han llegado hasta nosotros a través de diversas inscripciones en las que se enumeran sus carreras y victorias. Pero también conocemos el nombre de muchos caballos que asombraron por su velocidad y valentía. Entre todos ellos destacó nuestro ya conocido el lusitano Diocles, que venció en 1.462 carreras y ganó más de 35 millones de sestercios (la cifra nada despreciable de unos 56 millones de euros actuales).
Los aurigas se veían colmados de privilegios y honores si vencían. Si el auriga era un esclavo, con frecuencia recibía la ansiada libertad. En general, los aurigae salían de su condición humilde y recaudaban grandes fortunas gracias a las primas que recibían de los magistrados (en Roma incluso del propio emperador) y del elevado salario que exigían a los dueños de las cuadras (domini factionum) con el pretexto de fichar por otra factio. Los aurigas más famosos comenzaban a ser llamados miliarii si habían obtenido la victoria en más de mil ocasiones (Escorpo venció 1.042 veces, Pompeyo Epafrodito 1.467, Muscloso 3.559 y el famoso Diocles unas 3.000 veces con bigae y 1.462 con quadrigae o carros de más tiro). Por sus cualidades físicas, ya fuera agilidad, fuerza o sangre fría y su duro entrenamiento se les tenía en gran consideración (como a las actuales estrellas del deporte rey). El premio por la victoria era una corona, una palma o una cadena de oro, además de las sustanciosas primas económicas.
Pero no todo lo que rodeaba el mundo del auriga era vano oro y oropel. Había también un mundo oscuro y diabólico que vagaba por el trasfondo de los ludi circenses. Las prácticas mágicas y los envenenamientos de rivales inmediatos estaban al orden del día en el mundo que rodeaba las carreras. En efecto, los aurigas poseían, aparte de su pericia como conductores de quadrigae, fama de hechiceros y de expertos envenenadores, cuyos conocimientos usaban en ocasiones para vencer o importunar al rival. Las fuentes dan testimonio del frecuente uso de las artes mágicas con tal fin. Así, se usaba la magia para "in curriculis equos debilitare, incitare, tardare" (debilitar, incitar, retardar los caballos en las carreras). Así las cosas, algunos aurigas despertaban rumores de hechicería ante una serie de continuos éxitos.
La maldición dirigida contra el auriga rival o contra sus caballos recibía el nombre de devotio. Era una fórmula estereotipada, con una serie de atenuaciones, restricciones y condiciones, escritas en lengua vulgar (mezclándose a veces el griego y el latín, bastante frecuentemente con errores léxicos y gramaticales) que invitaba a las fuerzas subterráneas a hacer morir, torturar o "atar" (esto es, paralizar física y/o anímicamente) a la persona indicada. Frecuentemente, se añadían al texto dibujos enigmáticos y signos mágicos. Esta fórmula se grababa sobre una lámina metálica, habitualmente de plomo. La elección de este metal tenía una doble causa. Por un lado, el metal consagrado a Saturno (divinidad hostil a los hombres) aumentaba la eficacia del maleficio. Por otro, la hoja de plomo podía ser fácilmente doblada o enrollada, ocupando menos espacio (como aparece frecuentemente, en forma de pequeño volumen).Tras haber sido escrita, la maldición se entregaba a las divinidades infernales mediante su colocación en una tumba, bajo la vigilancia del muerto, siguiendo ciertos ritos destinados a aumentar su efectividad. Se conservan muchas de estas tablillas (tabellae defixionum, lit. tablillas de inmovilizaciones, de encantamientos), aparecidas, principalmente, a lo largo de las vías, por ser el lugar donde normalmente se ubicaban las tumbas, siendo de destacar las encontradas en la vía Appia de Roma. Una de las tablillas de defixión más conocidas proviene de Hadrumetum (Túnez), y fue encontrada en la tumba de un niño. Esta tablilla es de plomo, y mide 11 por 9 cm. Está grabada por ambas caras. Sobre una de ellas se encuentra el siguiente texto:
adiuro te demon qui/cunque es et demando ti/bi ex anc ora anc di/e ex oc momento, ut equos / prasini et albi crucies / ocidas, et agitatore Cla/rum et Felice et Primu/lum et Romanum ocidas / collida, neque spiritum illis / lerinquas; adiuro te / per eum qui te resoluit / temporibus deum pelagi/cum aerium Iaw Iasdaw / ooriw .. ahia.
"te conjuro, demonio, quienquiera que seas, y te pido que desde esta hora, desde este día, desde este momento, tortures y mates a los caballos de los Verdes y de los Blancos, y hagas chocar y mates a los aurigas Claro, Félix, Prímulo y Romano, y no dejes ni el espíritu para ellos; te conjuro a través de éste que te desligó para siempre, el dios del mar y del cielo."
Sobre la otra cara se encuentra grabado un demonio con una cresta de gallo sobre su cabeza. Con su mano derecha sostiene un vaso con asa y con la izquierda, un largo pie rematado en una lámpara, quizás un incensario.
Está de pie sobre un esquife o barco pequeño. En su pecho puede leerse su nombre (Baitmo /rbit/to). Para algunos autores sólo son palabras mágicas (Antmo / arait / to). Tras él hay grabadas palabras mágicas de significado desconocido (Cuigeu / censeu / cinbeu / perfleu / diarunco / deasta / bescu / berebescu / arurara / baxagra). Sobre el esquife se encuentran los nombres de Noctiuagus, Tiberis, Oceanus, tal vez pertenecientes a caballos. El sentido de la inscripción queda bastante claro: el autor, seguramente un auriga perteneciente a la facción russata o veneta, recurre a la ayuda de un demonio para eliminar a los aurigas y a los caballos de la factiones prasina y albata.
Para protegerse contra estos maleficios, los aurigas recurrían frecuentemente a todo tipo de amuletos, como por ejemplo campanillas colgadas delpecho de sus caballos, como puede apreciarse en el mosaico emeritense del auriga Marcianus. También podrían considerarse amuletos, aunque no exclusivamente de los aurigas, las monedas contorniatas, cuya finalidad desgraciadamente se desconoce. Es posible que fueran amuletos arrojados al público al principio de los juegos (con lo que estarían relacionadas con el ceremonial de la pompa circensis), existiendo tal vez la creencia de que su posesión favorecería la victoria de la facción a la que se apoyaba, especialmente las que contenían escenas referentes al circo o aparecían decoradas con la cabeza de Alejandro Magno, a quien se atribuía una virtud de protección contra la magia. De este modo, su función seguiría siendo la de amuletos, aunque cambiaría su poseedor: ya no sería el auriga, sino el público que contemplaba la carrera. Por otro lado, las contorniatas eran un importante medio propagandístico del Senado (pues eran acuñadas por la prefectura urbana, magistratura ligada al Senado), mediante las cuales la aristocracia intentaba ganarse los favores del pueblo.
Tan alto grado de superstición es normal entre profesionales cuyo oficio comportaba grandes riesgos de perder la vida en cada carrera. También se encontraba en otros profesionales del ocio cruento, tales como los gladiadores o los uenatores.
A veces, los aurigas no se limitaban a esperar pacientemente a que las divinidades infernales cumpliesen lo que con tanto interés les habían pedido en las tabellae defixionum. No debían de ser raros los casos en los que el auriga tentaba a la suerte intentando perjudicar al rival o a sus caballos mediante el uso de venenos. Llegaban incluso a acudir a expertos envenenadores en busca de ayuda, o para aprender su oscuro oficio. Digo tentaban a la suerte porque el auriga que fuese sorprendido en la práctica de la magia con intención de dañar a otras personas era inmediatamente condenado a la pena máxima y ejecutado. Un alto precio por la búsqueda de fama y notoriedad en los ludi circenses.
En cuanto a los otros protagonistas de las carreras, los caballos, hay que decir que los mejores procedían generalmente de Hispania y en menor medida de la Península Itálica, Grecia y el norte de África. A los tres años empezaban a ser adiestrados y dos años más tarde ya estaban dispuestos para competir. Por otra parte, las yeguas eran destinadas al yugo, a los puestos centrales, mientras que los machos pura sangre eran los funales. Ya entonces se buscaba que cada caballo tuviera su pedigrí, su cuadro de honor y su notoriedad, de manera que su fama se extendía en ocasiones a lo largo de todo el Imperio. No obstante, junto a las carreras, como se ha señalado antes, había otros tipos de espectáculos.
Estaban los acróbatas que llevaban dos caballos y saltaban de uno a otro (desultores), otros hacían exhibiciones de monta de caballo con armas y con simulacros de combate, otros acróbatas montaban a caballo, se ponían de rodillas y se tumbaban encima del caballo, otros recogían un pañuelo de suelo sin desmontar y otros saltaban por encima de una quadriga. También están documentadas otras actividades como los combates de púgiles (pugillatus), las carreras de atletismo, la lucha, el lanzamiento de jabalina y de disco.
Las carreras, al mismo tiempo, eran la ocasión perfecta para que los asistentes se divirtieran con otra de sus grandes pasiones: el juego y las apuestas (sponsio). La victoria de un carro y una cuadra hacía ricos a unos y pobres a otros, de manera que entre el público las alegrías y las tristezas iban y venían continuamente de una a otra factio.
Los espectáculos eran anunciados en carteles realizados en colores rojo y negro que se distribuían por toda la ciudad. Junto con las distribuciones gratuitas de alimentos, los juegos eran la manera más utilizada para ganarse la simpatía popular. El espectáculo de las carreras solía acabar con un banquete (epulum) en época de Augusto, Nerón y Domiciano. En los intervalos entre carreras se lanzaban regalos (missilia o sparsiones) que consistían en golosinas, bolsas con comida, "papeletas" para la rifa de un barco, una casa o una granja que podía servir de consuelo para las pérdidas en las apuestas. Panem et circenses que contentaban a la plebe y les hacía no prestar atención a las cuestiones gubernamentales. Demagogia en estado puro. No cabe duda de que los emperadores veían con buenos ojos estas banderías y está claro que los mejores hombres del Estado estimulaban con todas sus fuerzas este encauzamiento de las pasiones de la multitud en una dirección en que podían manifestarse, al parecer, sin el menor quebranto para los intereses del trono.
Al menos, no se tiene constancia de alguien con verdadera conciencia social intentase siquiera poner coto a estos tejemanejes. Lejos de ello, era sabido por todos que varios emperadores tomaban partido abiertamente por uno de los bandos: Vitelio y Caracalla, entre otros, por los "azules"; Calígula, Nerón, Domiciano, L. Vero, Cómodo y Heliogábalo por los "verdes", que en los primeros tiempos del Imperio son los que parecen haber afirmado la primacía. Pero los emperadores no se contentaban solamente con estimular las factiones mediante su participación en ellas, sino que además oprimían y aterrorizaban, al menos en algunos casos, el bando o a los bandos contrarios, persiguiéndolos con la violencia más brutal.
Las factiones podían estar seguras de encontrar un gran predicamento entre el pueblo, entre otras razones porque disponían de una organización sistemática, manejaban sumas importantes de dinero, sostenían y daban trabajo a gran cantidad de gentes y no escatimaban, evidentemente, gastos para extenderse y afianzarse socialmente. Pero lo que daba a los ludi circenses una importancia verdaderamente extraordinaria de que por sí era el hecho de que brindaba a la masa una magnífica oportunidad para tomar partido en pro o en contra en cuantos litigios o controversias surgiesen. Bastaba con que alguien gritase una consigna. Eran relativamente pocos los que se interesaban, con conocimiento de causa, por los caballos y los corredores.

En cambio, por los colores se interesaba todo el mundo. Los caballos y los aurigas cambiaban, pero los colores eran perennes, eran siempre los mismos. El griterío de las caveae a favor o en contra de esta o aquella factio se sucedió durante más de quinientos años, de generación en generación, en el seno, además, de una población cada vez más salvaje, y si los excesos y los cruentos tumultos eran el pan nuestro de cada día en todos los espectáculos, los ludi circenses, agitados por las pasiones de los colores, se convertían a pasos agigantados en escenario de sangrientas y dantescas batallas.
Daba lo mismo que dominase el mundo Nerón o Marco Aurelio, que el Imperio viviese en paz o sacudido por las insurrecciones y la guerra civil, que los bárbaros amenazasen las fronteras o fuesen rechazados por los ejércitos romanos. Desgraciadamente, al igual que en los tristes y trágicos tiempos que nos toca recorrer, parece ser que lo único que en Roma interesaba a todo el mundo, altos y bajos, ricos y pobres, libres y esclavos, hombres y mujeres, lo que agitaba las esperanzas y los temores, era simplemente el saber si ganaría la factio prasina o la veneta.
Juan Sanguino Collado. Filólogo. Co-autor del libro De Cocina Antigua:Viaje Gastronómico desde Roma a Al-Andalus
viernes, 16 de enero de 2009
Escapada: Almeida de Sayago

http://www.farodevigo.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2009010900_8_287047__Sociedad-y-Cultura-Almeida-Sayago-cruce-caminos
Patrimonio, termas y encinas centenarias son algunos de los muchos atractivos de este pueblo zamorano.
Situado al sur de Zamora, este pueblo de la comarca de Sayago une a su importancia histórica la notoriedad de sus aguas sulfurosas y curativas, cuyas propiedades para la mejora de diversas dolencias impulsaron a Almeida a construir un gran balneario que aún se conserva, hoy rehabilitado. Este viejo punto de cruce de calzadas -la que va desde Villadepera a Ledesma y la que se dirigía desde Zamora hasta Carbellino- acredita con vestigios catalogados la presencia celta, romana y árabe que fueron dejando con los siglos un importante legado patrimonial.
Cuenta la villa con una notable iglesia parroquial dedicada a San Juan Bautista, de la que destaca en su interior el retablo mayor, atribuido por algunos autores a la escuela de Gregorio Fernández, además de algunos objetos de platería. El exterior es un sobrio conjunto arquitectónico de estilo barroco. El Puente Romano de Almeida o Puente Grande es otra de las construcciones históricas del municipio, aunque experimentó alteraciones desde el medievo. Junto a él se ubica la fuente del Caño, obra maestra de cantería, única en Sayago.
En las inmediaciones se ubica otro puente, el de Rebollar, obra romana de alcantarilla sobre la que aún se pueden apreciar restos de la antigua calzada, y otro viaducto, el Puente Nuevo, es obra del siglo XIX en dirección a Zamora.
A poco más de un kilómetros de la localidad se encuentra el dolmen conocido como Casal del Gato, además de la Fuente de los Hervideros de San Vicente, al lado de la cual se encuentra el balneario de aguas termales.
Cómo llegar
Desde Zamora, por la carretera ZA-320.
Qué hacer
La comarca de Sayago tiene numerosos lugares pintorescos que visitar. Entre ellos, el Verraco de Villardiegua, cuyo origen se relaciona con el pueblo vetón. En esta localidad se pueden ver numerosas estelas romanas, reutilizadas como dinteles en ventanas o puertas, o empotradas en los muros. Por otra parte, toda la zona donde surgen los manantiales se conoce con el nombre de "Hervideros de San Vicente ", y ya desde el siglo XVIII se comenta documentalmente el gran valor medicinal de estas aguas sulfurosas. El balneario, rehabilitado, es un magnífico lugar para disfrutar de unos días de relax y descanso. El entorno de Almeida es un paraje ideal para la práctica de senderismo, con bosques de encinas centenarias, enebros, alcornoques, rebollos, fresnos y olivos.
Visita obligada
El Puente Pino es una construcción espectacular de 90 metros de altura, de principios del siglo XX. Une las comarcas de Aliste y Sayago y constituye la puerta de las Arribes del Duero. El entorno está rodeado de rocas con curiosas formas que semejan animales.
Dónde comer
Casa del Gallo (980 612113).
Balneario de Almeida (980 612 130).
Más información
Ayuntamiento: teléfono 980 61 2003.
viernes, 18 de enero de 2008
El Mèdol, los restos de una cantera romana

Se extrajeron alrededor de 50.000 metros cúbicos de roca.
La joya de la cantera es la aguja del Mèdol.
Apenas a 9 kilómetros de Tarragona se encuentra la cantera romana mejor conservada de toda la provincia tarraconense. El Mèdol, o médulas, se encuentra en el punto kilométrico 237 de la autopista AP-7 -dirección sur- y se accede fácilmente gracias a un estrecho pero hermoso camino a través de la estación de servicio de la vía rápida. Se calcula que de la cantera del Mèdol se extrajeron alrededor de 50.000 metros cúbicos de roca
Los restos de la cantera romana pertenecen a la compañía Abertis, aunque están gestionados por el Museo de Historia de Tarragona. El bello paraje, ahora inundado de vegetación, fue en su momento una de las canteras más utilizadas en época romana para abastecer Tarragona.
La aguja del Mèdol
En el momento de máxima actividad constructora de la Tarraco Imperial, se calcula que de la cantera del Mèdol se extrajeron alrededor de 50.000 metros cúbicos de roca. La excavación, tal y como hoy la conocemos, tiene unos 100 metros de largo y 50 de ancho.
En el centro de la cantera se alza una aguja de piedra no excavada, conocida como la aguja del Mèdol. Es una macizo apuntado de roca con una altura aproximada de 16 metros, que se encuentra situado en el centro de la explotación. Su finalidad era la de indicar el punto de partida desde el que se inició la extracción de piedra.
Se siguió utilizando en la Edad Media
Desde el interior de la cantera son visibles las marcas y líneas de extracción en los cortes de roca. Además, en la parte superior se conservan, aún hoy, restos de sillares desechados y piedras a medio trabajar.
La piedra utilizada en la excavación es una lumaquela micénica de color amarillento dorado, muy fácil de trabajar. Posiblemente, la pedrera también fue utilizada posteriormente en época medieval. El traslado de los sillares a Tarragona se realizó a través de la Vía Hercúlea, conocida después como Vía Augusta, que discurría a escasa distancia de la pedrera.
sábado, 22 de diciembre de 2007
Secretos en la colina del Palatino
Los frescos de las cuatro nuevas salas de la Casa de Augusto son de altísima calidad, con el máximo de las posibilidades de la época y constituyen un importante ejemplo de pintura romana de finales del siglo I a.C., según los responsables de la restauración.
La cueva, denominada el Lupercale, por el nombre de la loba Luperca, se encuentra en la histórica colina del Palatino y según la leyenda era reverenciada por los antiguos habitantes de la ciudad como el lugar en que una loba había amamantado a los legendarios fundadores de la urbe, Rómulo y Remo. Los dos hermanos crecieron y acabaron fundando Roma, en el 753 antes de Cristo.
Vídeo: Secretos en la colina del Palatino
Autor: Carlos Sánchez-Montaña
La zona recuperada de la casa corresponde al ala este de la gran villa romana, parte que se construyó antes de que Octavio fuera proclamado 'Augusto' y príncipe por el Senado de Roma, el año 27 a.C., convirtiéndose así en el primer emperador.
miércoles, 28 de noviembre de 2007
Javea Romana
Gracias a su situación, su clima y la riqueza del valle donde se encuentra, Javea ha sido colonizada desde tiempos muy antiguos. Los primeros pobladores pertenecían al Paleolítico como así atestiguan los yacimientos encontrados en la Cueva del Montgó, y en el Cabo de la Nao. Los Íberos, romanos y musulmanes también pasaron por estas tierras.
La conquista romana de estas tierras iniciada a finales del siglo III a.n.e., provocó sobre la población ibérica autóctona unos paulatinos y profundos cambios que llamamos la romanización.
Estas transformaciones afectaron a todos los ámbitos de la sociedad ibérica: economía, religión, lengua, cultura material, etc. Así, desde el siglo II a.n.e. y especialmente a partir del I a.n.e. se multiplican por todo el valle de Xàbia pequeños asentamientos que podríamos definir como explotaciones agrícolas: la Vall de Pexet, la Vall de Sala, la Vall dels Puces, els Benimadrocs, la Vilanova, els Forandons, les Tarraules, les Capsades, el Rebaldí, l'Atzúbia, etc. Sobre este panorama general, algunos yacimientos presentan características peculiares: talleres cerámicos especializados en la producción de ánforas (la Rana, la Teulera), lugares de control o vigilancia (Santa Llúcia) , asentamientos comerciales (la Duana, l'Illa del Portitxol) y la villa-factoría de salazones del Arenal, que estaría vinculada con unas antiguas salinas (en uso, parece ser, hasta el siglo XVII) de las cuales se conserva el canal de la Séquia de la Nòria, excavado en la roca, que comunica el mar con el Saladar.
Prueba de la intensa y rica actividad comercial de época romana son las numerosas ánforas y otros restos de procedencia submarina conocidos, con algunos puntos costeros que fueron utilizados como fondeaderos: el Portitxol, la Duana y tal vez la Caleta.
EL PORTITXOL: COLONIA ROMANA
Si al amanecer pone rumbo al sur desde el Arenal, doble el cabo de San Martín y le impactarán los acantilados cortados a pico, las masas forestales de pinar carrasco, la microreserva botánica y la isla del Portitxol (pequeño puerto), fondeadero natural que dió abrigo a fenicios, griegos y a una antigua colonia romana. El islote, cuya silueta recuerda a un batracio, cierra en parte la playa de La Barraca, encajada entre el mar y la barrera montuosa. De cantos rodados y arena, sus aguas tienen fama por la transparencia de sus fondos y la abundancia de congrios, bogavantes, meros, erizos, corvinas, pulpos, dentones y langostas. Si hace el camino a pie desde El Arenal pregunte por la cruz de piedra del Portitxol, situada en la carretera que domina la bahía. Apenas un kilómetro lo separa de la playa de La Barraca, un paseo inolvidable por la despejada panorámica que se obtiene del mar y de las escarpaduras. La isla se encuentra a unos setenta metros de la playa y se puede ganar a nado si el mar acompaña.

Punta de l'Arenal-Muntanyar
Destaca, por su importancia, el yacimiento de la Punta de l'Arenal-Muntanyar. De este asentamiento, con más de seiscientos años de ocupación seguramente continuada, conocemos un numeroso conjunto de materiales arquitectónicos (sobre piedra tosca), cerámicas, monedas, vidrios y otros objetos que evidencian su relevancia. En el yacimiento, muy destruido por las modernas construcciones, todavía se conservan algunas estructuras excavadas en la roca como son dos grandes balsas que debían ser utilizadas como vivero de peces. A pocos metros de la Punta se situaba la gran necrópolis del asentamiento conocida como el Muntanyar, en la que debieron existir, según cálculos aproximados, más de novecientas fosas de enterramiento.
Ese intenso poblamiento declinará a partir del siglo V de n.e., cuando veremos desaparecer muchos de los asentamientos. En el siglo VII, solo constatamos una cierta actividad en la Punta de l'Arenal, aunque siguiendo las Fuentes podríamos situar aquí el monasterio de San Martín, donde sucedió un hecho milagroso entre el abad del monasterio y los soldados de Leovigildo, rey visigodo. Tal vez, el recuerdo de aquel hecho, haya sido conservado en la toponimia en el Cap de Martí, partida en la que en el siglo XVIII se levantó una ermita en honor de San Hermenegildo, hijo de Leovigildo y mártir de la iglesia católica.
Son muchos y diversos los materiales de este amplio periodo conservados en el Museo. Se muestran cerámicas finas de diferentes tipos, con una amplísima cronología (siglos I al VI de n.e.) que fueron producidas en distintos lugares del imperio: Italia, Mediterráneo Oriental, Galia, Túnez, etc. Junto a ellas, se exponen también otros materiales cerámicos muy diversos: cerámicas de cocina, lucernas, materiales de construcción, pesas de telar y red, etc., así como monedas, elementos de adorno y instrumental de bronce y hierro y piezas fragmentadas de vidrio. Destacan los restos arquitectónicos en piedra tosca de la Punta de l'Arenal (capiteles, basas y remates arquitectónicos) y una inscripción funeraria sobre piedra caliza, procedente de la partida de la Riba.
De la necrópolis del Muntanyar se conservan las piezas de ajuar de vidrio, cerámica y bronce recuperadas en algunas de las tumbas y una de las fosas de enterramiento que fue extraída antes de su destrucción.

sábado, 13 de octubre de 2007
El Mare Nostrum valenciano
creación de enclaves notables como los de Saguntum, Ilici, Dianium, Valentia o SucroPor José Miguel Vigara, Valencia para levante-emv.com
«El control del litoral peninsular precedió al dominio de los territorios interiores», tal como señalan Asunción Fernández y Josep A. Gisbert en un amplio artículo dedicado a analizar la importancia de los puertos valencianos en la expansión romana, en el libro II de La Gran Historia de la Comunitat Valenciana. La proliferación de notables plazas portuarias a lo largo de la costa, y el posterior hallazgo de gran cantidad de restos de villae romanas marítimas, de fondeaderos e incluso de pecios, demuestran nítidamente la relevancia que adquirió el tráfico comercial en tiempos de los romanos.
Los puertos valencianos del Mare Nostrum cobraron importancia, en especial despué s de la Segunda Guerra Pú nica (219 a 201 a.C.), cuando Roma pasó a ejercer control sobre toda la costa mediterrá nea occidental.
Por desgracia se sabe poco de ellos, aunque indican los investigadores «muchos eran meros puntos de fondeo que se limitaban a aprovechar las características naturales de la costa, sin construcciones artificiales». Sin embargo, en algunos casos, como los de Saguntum y Portus Ilicitanus (Santa Pola), se han hallado almacenes, cisternas de agua y pequen as obras de protecció n, elementos que los ponen en relación con otros puertos importantes como los de Ostia y Puteoli, ambos en Italia. Su notoriedad en la época está vinculada a la concentració n de ciudades y villas cercanas por donde pasaban las mercancí as.
Durante la guerra civil romana (82 a.C. a 72 a.C.) que enfrentó a Sertorio con los gubernamentales -con Pompeyo al frente-, Dé nia le fue fiel al primero y se convirtió en la base naval de é ste en territorio valenciano. En cuanto a Saguntum, el puerto estaba situado a pocos kilómetros del nu cleo interior. Algunos expertos lo han situado en los Estanys d'Almenara, mientras que otros lo ubican en la playa del Grau Vell.
En Valentia se supone que los barcos entraban por la boca del Turia hasta las cercaní as de la ciudad. Se trataba por lo tanto de un puerto fluvial. Algunos autores sostienen tambié n que se comerciaba en un puerto natural de la Albufera.
El Portus Ilicitanus se hallaba en la actual Santa Pola, pero histó ricamente hizo las funciones de salida al mar de la colonia hispanorromana de Ilici. Algo parecido ocurrí a con el Portus Sucronensis (actual Cullera), que funcionaba como puerto de Alzira (la romana Sucro). Portus Ilicitanus fue un puerto provincial muy notable y uno de los ma s destacados del litoral valenciano de la Península Ibe rica, en buena medida como consecuencia de su vinculación a Ilici.
El mapa de distribución de fondeaderos detectados en el litoral valenciano es consecuente con el nivel de investigación zonal. De ahí, la densidad de hallazgos de la costa de Castelló. Se han documentado puntos de fondeo frente a las desembocaduras de los ríos y barrancos: l'Aiguaoliva, les Salines, la Barbiguera, el Sénia, en la costa de Vinaròs y Benicarló, al igual que en las playas de Alcalà de Xivert, Torreblanca, Cabanes, Orpesa, Benicàssim, Castelló, Borriana, Nules, Almassora y Moncofa.
Tambie n en la desembocadura del río Mijares, actualmente con su formación deltaica en retroceso. Diversos asentamientos costeros de época republicana, como el de Torre la Sal (Cabanes) o la Torre d'Onda (Borriana), villas romanas, como las de Nules y Almenara, o puntos con manantiales de agua dulce a menudo están en conexión con fondeaderos.
Al norte del portus de Valentia se han detectado zonas de probables fondeaderos en el Puig, la Pobla de Farnals, Alboraia o el Cabanyal-Malvarrosa. En este u ltimo, al sur del barranc del Carraixet, vía de penetración hacia Edeta, se han desarrollado prospecciones subacua ticas que manifiestan una notable actividad desde el siglo VI a.C.
lunes, 12 de marzo de 2007
El lupanar de Pompeya
http://www.lostiempos.com/oh/11-03-07/11_03_07_actualidad2.php
Fotos EFE y archivo
El antiguo burdel de la ciudad romana fue descubierto en el siglo XIX Estuvo cerrado un año y nuevamente se abrió al público en octubre de 2006. es el edificio más visitado y comentado del sitio arqueológico. Testimonio de las costumbres sexuales de la época
No es el más suntuoso ni el más importante, pero es el edificio que mayor cantidad de visitantes atrae. Desde su reapertura en octubre del año pasado, cientos de curiosos y turistas no quieren perderse la oportunidad de conocer por dentro el lupanar de Pompeya, el lugar donde 2.000 años atrás las prostitutas prestaban sus servicios en la ciudad romana que quedó sepultada por la violenta erupción del volcán Vesubio el año 79 después de Cristo.
En Pompeya, la prostitución no estaba prohibida y eran los esclavos (de ambos sexos) traídos de otros países como Grecia, los que en su mayoría se dedicaban a esta actividad. Una de las características del lupanar, descubierto por los investigadores en 1862, es que fue construido exclusivamente como lugar de citas y no cumplía otras funciones como ocurría con una veintena de sitios en los que también se ejercía la prostitución, pero que a la vez eran posadas, hosterías y casas particulares.
La edificación tuvo un primer intento de restauración en 1949 cuando los arqueólogos trabajaban tratando de recuperar las zonas de la ciudad antigua afectadas por la Segunda Guerra Mundial; sin embargo, no fue hasta 2005 que se inició una intervención completa con una inversión de $us 250.000.
El lupanar está ubicado en la zona más antigua de la ciudad. En la intersección de dos de sus calles secundarias, y cerca de donde estaban ubicados los baños, tabernas y posadas. Todo el complejo arquitectónico no tiene grandes dimensiones y por eso el ingreso debe hacerse en pequeños grupos. Al entrar lo que más llama la atención son las escenas eróticas pintadas en la parte superior de las puertas de las habitaciones. En cada una de ellas aparecen parejas realizando distintas posiciones sexuales que, a decir de los investigadores, no tenía fines decorativos, sino que era una especie de "catálogo" que indicaba al cliente la "especialidad" de la persona dentro de cada cuarto.
Las camas están hechas de ladrillos y pegadas a la pared. Sobre ellas se colocaban un colchón que servía de lecho para los amantes.
En las paredes aún es posible ver las inscripciones dejadas por clientes y por las chicas que trabajaban en el lugar. Se han podido identificar apenas 120, entre grafittis, frases y nombres de las prostitutas o de sus acompañantes. Lo curioso es que muchos de esos escritos contienen mensajes similares a los que hoy uno puede leer en cualquier baño público de Italia o de Bolivia. Desde el "fulano ama a sutana", hasta los que se jactan de sus dotes sexuales.
En el piso superior se ubican cinco habitaciones con balcones desde los cuales las mujeres llamaban a los varones que pasaban por la calle. Los cuartos son más grandes que los cinco del primer piso. Se supone que estaban destinados a clientes de mayor poder adquisitivo, aunque los investigadores coinciden en señalar que este prostíbulo estaba destinado a los sectores populares, ya que los ricos contaban con sus propios esclavos y esclavas para satisfacer sus placeres.
Es probable que en Pompeya, del mismo modo que ocurría en Roma, las meretrices que trabajaban en estos sitios estaban obligadas a registrarse legalmente, pagar impuestos y seguir ciertas normas que las diferenciaba de las otras mujeres. Por ejemplo, cuando salían a la calle tenían que utilizar una túnica de color marrón rojizo y el cabello teñido, caso contrario podían colocarse una peluca amarilla. Se dividían en diversas clases, según el lugar donde trabajaban y los clientes que atendían. No todas eran ex esclavas, ya que en algunos casos provenían de familias patricias con dificultades económicas.
Los prostíbulos no eran un ámbito exclusivo para las mujeres; los hombres, especialmente ex esclavos jóvenes, se prostituían y atendían tanto a personas del mismo sexo, como a mujeres.
El lupanar que ha sobrevivido en esta vieja ciudad romana al sur de Italia parece ser sólo el testimonio de usos y costumbres sexuales que caracterizaron a todo el imperio romano. Sus paredes hablan y nos develan que pueden pasar miles de años, pero la naturaleza humana repite conductas.
lunes, 25 de septiembre de 2006
SEGEDA
MARA
Mara es un municipio aragonés de la provincia de Zaragoza, comarca de Calatayud, situado en la ribera izquierda del río Perejiles, a 688 m. sobre el nivel del mar.
Destacan sus casas construidas con piedra de yeso y una iglesia mudéjar que acaba de restaurarse en el año 2001.
En el año 1950 tenía 744 habitantes, descendiendo a 230 en el año 2001.
Su población se dedica a la agricultura, ganadería e industrias situadas en lugares próximos. La instalación en el año 2002 de una fabrica de cableado generó una momentanea la llegada de obreros. La implantación de la Zona Arqueológica de Segeda posibilitará el desarrollo en un futuro inmediato.
Las fiestas de invierno son el 20 de enero, en honor de San Fabián y San Sebastía, y las de verano, el 16 de agosto, en honor de San Roque.
A partir del año 2002 se están desarrollando otras dos celebraciones populares de carácter histórico, el día 15 de Marzo, Los Idus y el día 23 de Agosto, La Vulcanalia.
SEGEDA
La Zona Arqueológica de Segeda se encuentra en una de las múltiples depresiones interiores del Sistema Ibérico Central, la abierta por el valle del río Perejiles, que desemboca en el Jalón en las proximidades de Calatayud, en frente del cerro de Bámbola, donde se sitúa Biliblis Itálica. Por lo que la autovía de Aragón, que une Zaragoza con Madrid, se nos presenta como la vía de acceso más rápida.
Pero también se puede acceder por la carretera, y futura autovía, que une Valencia con Zaragoza. Entre Daroca y Mainar aparece una vía secundaria que atraviesa Langa del Castillo, y desde Miedes conduce a Mara y Belmonte de Gracián. En este recorrido puede apreciarse el cambio existente entre el ecosistema del Campo Romanos, con monocultivo de cereal entre masas de carrasca y el que surge en el valle del río Perejiles. Su encajonamiento favorece una elevación de las temperaturas medias anuales y permite aumentar el espectro de cultivos, con la aparición de huertas y arbolado de frutales y viñedo. Los rendimientos agrícolas pueden explicar la concentración poblacional existente en este territorio desde época altomedieval, con una gran proximidad de los núcleos urbanos, entre 3 y 4 kilómetros.
Segeda es el nombre de una ciudad celtibérica, citada por los escritores grecolatinos Apiano, Diodoro y Floro, como ciudad de los belos en los acontecimientos del 154 antes de Cristo que serán desencadenantes de la guerra numantina. Posteriormente Estrabón se refiere a Segeda, al mencionarla junto con Pallantia, como perteneciente a los arevacos, y aunque muestra distinta adscripción étnica suele aceptarse entre los investigadores como la misma ciudad. La última referencia corresponde a Esteban de Bizancio que en su obra del 530 después de Cristo sobre nombres etnográficos identifica Segida como ciudad celtibérica. Con este mismo topónimo existen otras tres ciudades hispanas, citadas por Plinio y Ptolomeo como existentes en la etapa alto imperial: Segida Restituta Julia en los célticos; Segida Augurina de los turdetanos y Segida de los túrdulos. También se relaciona una cuarta, la bastetana Segisa.
El nombre de Segeda es la lectura clásica del término celtibérico de Sekeida, que se conserva en las monedas acuñadas en la propia ciudad. La etimología de dicho topónimo es celta y su significado según el indoeuropeista Francisco Villar estaría relacionado con el concepto de "la poderosa".
La ciudad de Segeda se encuentra en el yacimiento arqueológico del Poyo de Mara (Segeda I). Tras su destrucción en el año 153 antes de Cristo, se levantó junto a sus ruinas una nueva ciudad con su mismo nombre, dada la pervivencia de la leyenda monetal, localizada en Durón de Belmonte de Gracián (Segeda II). [F. Burillo Mozota]
[Fuente: www.segeda.net]
Desde esta pagina la Asociación Provincia Hispania Novae Romae agradece a los responsables del yacimiento arqueologico la hospitalidad y el trato recibidos, en especial, a Raul y a Espe por acompañarnos durante toda la mañana y resolver todas las dudas que tuvimos.
viernes, 16 de diciembre de 2005
Fundación de LUCUS AUGUSTI
12 a.C.
Paulo Fabio Máximo subió la colina siguiendo a su agrimensor, era verano y el día presumía iba a ser caluroso, al llegar a la cima volvió su mirada al camino recorrido y lo que vio le lleno de gozo, las vistas sobre el valle del río eran espléndidas, se divisaba en dirección oeste un vasto territorio de bosques de robles a lo largo de la ladera de la colina, la madera existente era suficiente para iniciar los primeros trabajos. En dirección contraria, hacia el este, el terreno era más pendiente hasta llegar al valle más cercano por el que transcurren varios regatos, afluentes del río principal del lado oeste.
El lugar escogido era el más alto de la colina cercana a la fuente de aguas termales descubierta en la orilla del río, y desde allí se podía divisar todo el entorno; al norte, por la cresta de la colina, se podía realizar con facilidad el acceso al territorio del norte, y por el sur, en suave pendiente se alcanzaba la confluencia de los ríos cercanos.
El agrimensor, un técnico de reputado prestigio en la milicia, había fijado la groma en el punto que sería el centro de la futura ciudad. "El instrumento poseía una mira que le permitió al amanecer haber fijado la salida del sol, lo que le proporcionó el oriente real en la fecha y así determinar la orientación del decumanus; luego pudo fácilmente trazar el cardo, perpendicular al decumanus en el punto central inicialmente fijado.
Sobre los ejes así obtenidos y mediante distancias iguales a partir del cruce se obtenía la superficie de la futura ciudad." Un cuadrado perfecto de 2.160 codos de lado.
Pero antes de iniciar los trabajos de replanteo, Paulo Fabio Máximo tuvo que consultar los auspicios al objeto de asegurarse, mediante signos visibles, de que los dioses no se oponían al establecimiento de una ciudad en el lugar escogido. Los augures le confirmaron los bueno auspicios; en el mismo momento en que un correo de Roma trajo a la expedición la noticia del nombramiento de AUGUSTO como Pontífice Máximo de la religión en el imperio, dos rapaces sobrevolaban el bosque designado para fundar la nueva ciudad.
Paulo Fabio Máximo "revestido con una toga dispuesta a la antigua usanza, cogió las estevas de un arado de bronce, tirado por una ternera y un toro blancos, y trazó un surco alrededor de la futura urbe, siguiendo la misma línea a lo largo de la cual habrían de levantarse las murallas. En el transcurso de la ceremonia el fundador procuró cuidadosamente que toda la tierra levantada por la reja cayese al interior del recinto, y tras él los asistentes recogieron los terrones que a veces saltaban fuera y los volvían a echar donde el rito establecía. Al llegar al sitio previsto para las puertas, el ejecutante levantaba el arado con el fin de dejar un espacio libre de toda consagración. Cuando el oficiante alcanzó el punto de partida, la ciudad quedó virtualmente fundada."
"El ritual de delimitación del territorio debería ser completado por otros dos, ambos ceremonias de consagración. Uno de ellos estaba dedicado a los dioses infernales. En un lugar situado en el centro de la futura ciudad se excava una fosa circular llamada mundus en la que eran depositadas ofrendas a "Los de Abajo". Y un último rito que tenía por objeto colocar a la ciudad futura bajo protección de los dioses de "Lo Alto", y singularmente de una tríada integrada por Júpiter, Juno y Minerva. En el futuro se construiría un templo llamado Capitolio, situado en la parte más alta de la ciudad, en la zona próxima al punto señalado por el agrimensor, desde donde los dioses podrían observar todo lo que iba a ocurrir en la futura urbe."
Paulo Fabio Máximo, agradecido a César y satisfecho por la elección de un bosque tan bello para fundar la capital del convento, la consagró bajo quién le había dado orden de fundarla y con el nombre de BOSQUE SAGRADO DE AUGUSTO, y así poner a ésta bajo su protección. Todo lo que albergase los muros de la ciudad también sería consagrado a Augusto, dios protector de la gens imperial reinante. Era el año 12 a.C.
"V(rbis) C(onditori) A(ugusto) M(omumentum)
Caesari
Paullus Fabius
Maxumus
Legat(us) Caesaris"
Así quedó escrito para los siglos venideros en los cuatro monolitos fundacionales de la ciudad. Paulo Fabio Máximo, legado del César dedicaba la ciudad a Augusto su fundador y César de Roma.
© Carlos Sánchez-Montaña
Imágenes: www.lucusaugusti.net
Fuente bibliográfica:
PIERRE GRIMAL "Les Villes Romaines"
Vergara Editorial S.A. 1956
Por G. Minicius Agrippa : 5:28 PM
Comments:
sr montaña. mi ignorancia no me permite imaginar lo que usted describe :
no todas las fundaciones eran EXACTAMENTE iguales a la que un día dió origen a la Roma quadrata y que conocemos por estar bellamente reflejada en escritos es dificil de entender que el agrimensor et alii delimitaran el territorio de la capital del conventus ¡FALTABAN SIGLOS para el tal conventus y más para su supuesta capitalidad.
hay bibliografía más reciente .
un sludo
# posted by Anonymous
martes, 12 de octubre de 2004
COLONIA PATRICIA CORDVBA: LA VISITA
A pesar que las guías turísticas obvian totalmente el pasado romano de Córdoba y que uno espera encontrar solo monumentos de la cultura hispanomusulmana, un apasionado de la cultura romana se puede ver gratamente sorprendido al recorrer las intrincadas callejuelas cordobesas.
Al menos mi guía no menciona ni tan siquiera el puente romano sobre el Guadalquivir, pero cruzando dicho puente uno se encuentra de frente con la Iglesia Catedral de Córdoba: la antigua mezquita.
Una vez dentro de ella (tras haber pagado el canon de 6 euros de entrada) uno se puede dedicar a admirar las más de 850 columnas que sustentan el techo de la misma y poder distinguir entre ellas las que son de origen romano, las que son de origen egipcio y las de origen visigodo. Inclusive en el museo visigodo de la mezquita se pueden admirar restos de época romana aunque bajo la designación visigoda.
Saliendo de la mezquita y caminando por el barrio de la judería uno puede sorprenderse al encontrar incrustadas en los muros de muchas edificaciones, columnas con epigrafía romana, hasta llegar al museo arqueológico (Plaza de J. Paez).
En el museo arqueológico, ubicado en un palacio renacentista, uno se encuentra, según entra, con un patio plagado de restos romanos a los cuales no puede acceder directamente: primero hay que pasar por taquilla. Gracias a los dioses basta con enseñar el DNI para que el acceso no cueste dinero.
Tras la taquilla se puede admirar una maqueta del teatro romano que se está excavando en el exterior del museo, dos pequeñas salas dedicadas a la prehistoria y la protohistoria (periodo ibero-turdetano) y se accede ya a la zona romana.
Sorprendentemente y teniendo en cuenta que todo lo que nos cuentan de Córdoba es musulmán, en este museo la colección más grande y más variada es la de la cultura romana: elementos arquitectónicos, sarcófagos y estatuas togadas, esculturas en mármol y bronce retratando a personajes locales, emperadores y dioses, mosaicos, inscripciones, pavimentos, maquetas de villas y monumentos y un amplio repertorio de hallazgos de toda la provincia cordobesa. Llama la atención la sala dedicada al mundo funerario romano con la hipotética reconstrucción de un columbario, con lapidas, sarcófagos de plomo e inscripciones gladiatorias. Amén de restos de estructuras de época romana correspondientes a espacios públicos urbanos que conforman la estructura del palacio renacentista.
Paso de contar y relatar los restos visigodos y árabes del museo ya que no fui para verlos, sino para conocer la Corduba romana, la capital de la Baetica.
Saliendo del museo uno se puede dirigir callejeando hacia la plaza de la Corredera, para encontrar un poco más allá el Museo Regina de Joyería (Plaza de Luis Venegas): poco más o menos una joyería camuflada de museo por cuya entrada te soplan 3 euros, para soportar el tostón de una explicación mal dada de cómo se diseñan hoy en día las joyas. Los tres euros merecen la pena solo por visitar los restos romanos que conforman el sótano de dicho museo y cuyos mosaicos hace ya tiempo que reposan en el arquelógico.
Saliendo de allí, con el bolsillo un poco más ligero, podemos dirigir nuestros pasos por la calle Pedro López hasta la calle Claudio Marcelo para encontrarnos con Huerto de San Pablo donde posiblemente estuvo ubicado el circo romano de Corduba y luego seguir hasta el final de la calle y tropezar literalmente con los restos de un Templo romano dedicado probablemente al culto imperial.
Los restos del Templo son de época julio-claudia, construidos sobre una plataforma horizontal que salva el desnivel de la zona, dando lugar a una plaza sobre la que se erige un templo próstilo, exastilo y pseudoperiptero sobre podium de 3,5metros de altura, construido extramuros y junto al cual se hallaba la basílica (para información más técnica sobre el templo acudir a www.simulacraromae.org o www.consorciourbium.org).
Más allá, en dirección oeste y por la calle Claudio Marcelo se llega a la Plaza de las Tendillas, donde además de poder oír el carillón del reloj cuya música se hace a base de rasgueo de guitarra española, podemos ver los restos del Foro Provincial.
Siguiendo hacia el oeste por la calle Conde de Gondomar llegaremos a las antiguas necrópolis de Corduba, donde encontraremos un mausoleo circular del siglo I (probablemente una reconstrucción). El mausoleo se encuentra en el Paseo de la Victoria lugar donde se están realizando una serie de excavaciones y catas arqueológicas sobre restos romanos.
Dirigiéndonos hacia el sur por el Paseo de la Victoria y la calle del Doctor Fleming se llega al denominado Hipogeo de la Diputación Provincial, localizado en 1971, realizado en opus quadratum y dentro de una necrópolis que se utilizó hasta el siglo IV,por lo que el hipogeo se ha identificado siempre como la capilla funeraria de algún martir cristiano.
Siguiendo hacia el sur encontraremos el Guadalquivir. De los muelles romanos para la carga del vino y el aceite de la Baetica con dirección a Roma no encontraremos nada, hoy solo se conservan vestigios de los molinos musulmanes que dejaron de funcionar cuando la muy Católica Reina Isabel se quejó de que sus norias no la dejaban dormir.
Y con este recorrido estamos de nuevo en el Puente Romano.
He olvidado mencionar que de vez en cuando se ve, durante el recorrido realizado, los restos de la muralla romana y en el vértice norte-este del rectángulo recorrido los restos de los acueductos que abastecían Corduba de agua potable: Aqua Nova y Aqua Vetus.
Ya completamente fuera de los muros de la antigua capital de la Baetica y completamente pegados a la estación del AVE se están excavando la Villa de la Cercadilla y el Palacio Maximiano, dos motivos por los cuales dentro de algunos años, cuando la excavación esté más avanzada y los restos sean visitables, merecerá la pena volver a Cordoba, además de tratar de localizar otros enclaves que se me pasaron por alto (manzana Banesto, Altos de Santa Ana, Blanco Belmonte, Maria Cristina) y visitar otros situados en las afueras de Córdoba Ciudad que por tiempo me fué imposible visitar: las canteras romanas, el Puente Arroyo Pedroche, la Via Augusta, la Villa del Mitra en Cabra.........
A pesar de los esfuerzos del Exmo. Ayto. de Córdoba para llevar a cabo su plan de excelencia y ser elegida Capital Cultural en el 2016, la Colonia Patricia Corduba sigue siendo una gran desconocida. En el plano-guía que vende el Ayuntamiento por un Euro se citan solo 8 monumentos de época romana, mientras que en Simulacra Romae se citan 9 tipos de monumentos y creo que yo he ampliado un poco este repertorio, tan solo espero que se sigan conservando los vestigios romanos de Cordoba y que dentro de algunos años la gente no solo diga Córdoba = mezquita.
Deseo hacer mención especial de los empleados municipales encajonados en los Mupis. Los Mupis son unos quioscos de información turística donde además de obtener información se pueden reservar visitas como la de Medina Azahara. Dichos empleados me sorprendieron por su preparación cultural ya que me calaron inmediatamente (o ¿tal vez fue culpa de la toga con la que me paseé por Corduba?) y me dirigieron rápidamente hacia todos los restos arqueológicos que he mencionado.