miércoles, 28 de noviembre de 2007

Javea Romana

Jávea está situada entre el Cabo San Antonio y el Cabo de la Nao, punto más occidental de la región. El recinto amurallado que delimita su casco antiguo nos adentra en una población pintoresca, de casas pequeñas y blancas, que ha sabido conservar todo su encanto marinero. En sus 25 Km de costa podremos disfrutar de una amplia oferta turística.

Gracias a su situación, su clima y la riqueza del valle donde se encuentra, Javea ha sido colonizada desde tiempos muy antiguos. Los primeros pobladores pertenecían al Paleolítico como así atestiguan los yacimientos encontrados en la Cueva del Montgó, y en el Cabo de la Nao. Los Íberos, romanos y musulmanes también pasaron por estas tierras.

La conquista romana de estas tierras iniciada a finales del siglo III a.n.e., provocó sobre la población ibérica autóctona unos paulatinos y profundos cambios que llamamos la romanización.

Estas transformaciones afectaron a todos los ámbitos de la sociedad ibérica: economía, religión, lengua, cultura material, etc. Así, desde el siglo II a.n.e. y especialmente a partir del I a.n.e. se multiplican por todo el valle de Xàbia pequeños asentamientos que podríamos definir como explotaciones agrícolas: la Vall de Pexet, la Vall de Sala, la Vall dels Puces, els Benimadrocs, la Vilanova, els Forandons, les Tarraules, les Capsades, el Rebaldí, l'Atzúbia, etc. Sobre este panorama general, algunos yacimientos presentan características peculiares: talleres cerámicos especializados en la producción de ánforas (la Rana, la Teulera), lugares de control o vigilancia (Santa Llúcia) , asentamientos comerciales (la Duana, l'Illa del Portitxol) y la villa-factoría de salazones del Arenal, que estaría vinculada con unas antiguas salinas (en uso, parece ser, hasta el siglo XVII) de las cuales se conserva el canal de la Séquia de la Nòria, excavado en la roca, que comunica el mar con el Saladar.

Prueba de la intensa y rica actividad comercial de época romana son las numerosas ánforas y otros restos de procedencia submarina conocidos, con algunos puntos costeros que fueron utilizados como fondeaderos: el Portitxol, la Duana y tal vez la Caleta.

EL PORTITXOL: COLONIA ROMANA

Si al amanecer pone rumbo al sur desde el Arenal, doble el cabo de San Martín y le impactarán los acantilados cortados a pico, las masas forestales de pinar carrasco, la microreserva botánica y la isla del Portitxol (pequeño puerto), fondeadero natural que dió abrigo a fenicios, griegos y a una antigua colonia romana. El islote, cuya silueta recuerda a un batracio, cierra en parte la playa de La Barraca, encajada entre el mar y la barrera montuosa. De cantos rodados y arena, sus aguas tienen fama por la transparencia de sus fondos y la abundancia de congrios, bogavantes, meros, erizos, corvinas, pulpos, dentones y langostas. Si hace el camino a pie desde El Arenal pregunte por la cruz de piedra del Portitxol, situada en la carretera que domina la bahía. Apenas un kilómetro lo separa de la playa de La Barraca, un paseo inolvidable por la despejada panorámica que se obtiene del mar y de las escarpaduras. La isla se encuentra a unos setenta metros de la playa y se puede ganar a nado si el mar acompaña.

Punta de l'Arenal-Muntanyar

Destaca, por su importancia, el yacimiento de la Punta de l'Arenal-Muntanyar. De este asentamiento, con más de seiscientos años de ocupación seguramente continuada, conocemos un numeroso conjunto de materiales arquitectónicos (sobre piedra tosca), cerámicas, monedas, vidrios y otros objetos que evidencian su relevancia. En el yacimiento, muy destruido por las modernas construcciones, todavía se conservan algunas estructuras excavadas en la roca como son dos grandes balsas que debían ser utilizadas como vivero de peces. A pocos metros de la Punta se situaba la gran necrópolis del asentamiento conocida como el Muntanyar, en la que debieron existir, según cálculos aproximados, más de novecientas fosas de enterramiento.

Ese intenso poblamiento declinará a partir del siglo V de n.e., cuando veremos desaparecer muchos de los asentamientos. En el siglo VII, solo constatamos una cierta actividad en la Punta de l'Arenal, aunque siguiendo las Fuentes podríamos situar aquí el monasterio de San Martín, donde sucedió un hecho milagroso entre el abad del monasterio y los soldados de Leovigildo, rey visigodo. Tal vez, el recuerdo de aquel hecho, haya sido conservado en la toponimia en el Cap de Martí, partida en la que en el siglo XVIII se levantó una ermita en honor de San Hermenegildo, hijo de Leovigildo y mártir de la iglesia católica.

Son muchos y diversos los materiales de este amplio periodo conservados en el Museo. Se muestran cerámicas finas de diferentes tipos, con una amplísima cronología (siglos I al VI de n.e.) que fueron producidas en distintos lugares del imperio: Italia, Mediterráneo Oriental, Galia, Túnez, etc. Junto a ellas, se exponen también otros materiales cerámicos muy diversos: cerámicas de cocina, lucernas, materiales de construcción, pesas de telar y red, etc., así como monedas, elementos de adorno y instrumental de bronce y hierro y piezas fragmentadas de vidrio. Destacan los restos arquitectónicos en piedra tosca de la Punta de l'Arenal (capiteles, basas y remates arquitectónicos) y una inscripción funeraria sobre piedra caliza, procedente de la partida de la Riba.

De la necrópolis del Muntanyar se conservan las piezas de ajuar de vidrio, cerámica y bronce recuperadas en algunas de las tumbas y una de las fosas de enterramiento que fue extraída antes de su destrucción.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Frases

"La civilización de Roma no es una ruina, es algo que vive en nuestras culturas: las leyes, la lengua, las costumbres... Todos nos sentimos romanos".

Isabel Rodá Catedrática de la Universidad Autónoma de Barcelona Isabel Rodá y comisaria científica de Roma SPQR (Senatus Populusque Romanus).

¡Están locos estos romanos!

Piense en los romanos. Ésos a los que Obélix no se cansaba de llamar locos. Quizá acuda a su mente la imagen sudorosa de Charlton Heston conduciendo una cuádriga, o de Robert Taylor y Deborah Kerr viviendo una apasionada historia de amor mientras Peter Ustinov, en la piel de Nerón, prende fuego a Roma.

¿Pero qué tienen de real Ben Hur o Quo vadis? ¿Hasta qué punto son fieles a la realidad de la Roma imperial? ¿Dónde termina la historia y empieza la edulcoración? Es difícil marcar la frontera, pero Hollywood, como en muchos otros temas, ha contribuido a generalizar un estereotipo dejando fuera de plano las aristas más incómodas. Por ejemplo, la tolerancia a la pederastia, la crueldad de algunos castigos romanos o el omnímodo poder del padre sobre su descendencia, que provocó que el parricidio se estableciese como una "costumbre" relativamente frecuente.

Era el pater familias el que decidía desde el primer momento el destino de su prole. Cuando nacía un niño en el seno del matrimonio, la matrona lo depositaba a sus pies. Si el padre lo recogía significaba que le aceptaba en la familia, pero si lo ignoraba prácticamente firmaba su sentencia de muerte.

Las relaciones paterno-filiales

El recién nacido era abandonado en la vía pública, donde solía perecer, o era recogido por los tratantes de esclavos, que lo alimentaban hasta poder venderlo. Eran los hijos "expuestos", los hijos expósitos. Ningún bebé con malformaciones se libraba de este destino, ni tampoco los que nacían en una familia con dificultades económicas. En algunas ocasiones, el recién nacido era rechazado por sospechas de adulterio.

Con el paso del tiempo, la relación paterno-filial se desarrollaba basada en un profundo respeto no exento de temor. El domine (la manera correcta de dirigirse al padre) tenía siempre la potestad de decidir la suerte de sus hijos.

Cualquier hombre, independientemente de su edad o estado civil no era considerado ciudadano romano con todos los derechos hasta que su progenitor moría. No podía casarse sin autorización, ni firmar contratos, ni disponer de un patrimonio propio. El padre era el juez de su dicha o su desgracia.

Ciudadanos supersticiosos

El domine no sólo decidía sobre sus hijos, sino también sobre los esclavos que vivían sobre su techo. Podía ordenar su ejecución u otorgarles la libertad para que pudiesen formar su propia familia, enterrar a sus muertos y convertirse en libertos, como eran la gran mayoría de los comerciantes o artesanos. Eran la base de la clase media, algo más acomodada que la plebe, formada por esclavos y asalariados que se alimentaban fundamentalmente de pan y nabos.

Sin embargo, la pompa y el boato escondían una sociedad que se movía a base de sobornos y tráfico de influencias. Los notables ignoraban la ley y se dedicaban a la usura. Eran las cabezas visibles de un imperio formado por millones de ciudadanos supersticiosos, que temían a las tormentas y que consultaban a oráculos y augures cualquier sueño.

Entre las costumbres cotidianas, algunas rarezas. Los romanos salían de casa con el pie derecho y colgaban escorpiones de sus ventanas para pinchar los ojos de los envidiosos. Enterraban a sus muertos a la orilla de las calzadas, decoradas con guirnaldas, para que los transeúntes admirasen sus tumbas y los muertos se mantuviesen al tanto de quién entraba y salía de la ciudad.

Ocultaban su calvicie con pelucas y postizos, mientras que ellas esperaban poder ver de lejos a la mujer del emperador, que era quien dictaba la moda, para copiar su peinado o su tinte de pelo, que generalmente solía ser rojo. Una sociedad chismosa, aficionada al libelo y, en algunos aspectos, decadente a nuestros ojos. Quizá en el fondo tenía razón Obélix y estos romanos estaban locos.

Los romanos toman Madrid

Holografías, maquetas, juegos de luces e infinidad de tesoros arqueológicos componen la muestra Roma, SPQR, organizada por la Fundación Canal. La muestra recorre la vida cotidiana en la Roma Imperial, desde su comienzo con Augusto (siglo I a.C.) hasta su final con Constantino (siglo IV d.C.).


Fuente: PUBLICO.ES

miércoles, 17 de octubre de 2007

El rechazo al humanismo

Card. Ricardo M.ª Carles para LA RAZON

El desprecio hacia las humanidades es un asunto muy serio. Las consecuencias de su desaparición, pueden llevarnos a ver hasta qué extremos caricaturescos conduce su supresión. Hace algún tiempo, en TV, una emisión de temas científicos nos presentaba unos cocodrilos que, en alguna ocasión devoraban a sus crías. La relatora de la TV dijo con toda seriedad algo que casi me hizo saltar de mi asiento: «Esos cocodrilos son, por tanto, antropófagos». Si hubieran devorado hombres -ántropos-, lo serían, pero si comían sus congéneres, eran homófagos, pues comían sus parecidos o iguales. Grave consecuencia de no tener la menor idea del griego. Ello me recordó una anécdota de Unamuno, el gran profesor de Salamanca. Explicando quiénes eran los homófagos, un alumno despistado y que seguramente le había interrumpido más de una vez, le dijo que no entendía lo que acababa de exponer. Unamuno, con un salida muy suya le respondió: «Estaba diciendo, señor X, que homófagos son los seres que se alimentan de animales de su especie. Para que no lo olvide: Si usted fuera homófago, comería besugos».
Las carencias producidas en ese suprimir las humanidades tienen consecuencias nada risibles. Es grave que algún profesor de Derecho Romano de una universidad de Barcelona haya de comenzar el curso explicando a los alumnos qué fue el Imperio Romano, su cultura y sus leyes, pues le pregunta algún alumno por qué estudiar Derecho Romano y no derecho alemán o inglés. Las consecuencias de llegar a la universidad con una cultura tan pobre son un condicionamiento negativo para que el nivel universitario tenga una altura deseable y necesaria.
Esta situación no se debe sólo al rechazo de las letras, sino al rechazo, más grave y peor en sus consecuencias, de la religión. El rechazo a ésta es acompañado de la marginación de la cultura europea que se apoya en la helénica, en la romana y en el cristianismo. Es caminar hacia un futuro en que el hombre se deshumaniza y pierde el auténtico sentido, el porqué de su vida. No podemos hacer de Dios el Gran Ausente sin que el hombre quede absolutamente desnortado.

sábado, 13 de octubre de 2007

El Mare Nostrum valenciano

El litoral de la Comunitat Valenciana registró una gran actividad comercial y portuaria, lo que explica la creación de enclaves notables como los de Saguntum, Ilici, Dianium, Valentia o Sucro

Por José Miguel Vigara, Valencia para
levante-emv.com

«El control del litoral peninsular precedió al dominio de los territorios interiores», tal como señalan Asunción Fernández y Josep A. Gisbert en un amplio artículo dedicado a analizar la importancia de los puertos valencianos en la expansión romana, en el libro II de La Gran Historia de la Comunitat Valenciana. La proliferación de notables plazas portuarias a lo largo de la costa, y el posterior hallazgo de gran cantidad de restos de villae romanas marítimas, de fondeaderos e incluso de pecios, demuestran nítidamente la relevancia que adquirió el tráfico comercial en tiempos de los romanos.
Los puertos valencianos del Mare Nostrum cobraron importancia, en especial despué s de la Segunda Guerra Pú nica (219 a 201 a.C.), cuando Roma pasó a ejercer control sobre toda la costa mediterrá nea occidental.
Por desgracia se sabe poco de ellos, aunque indican los investigadores «muchos eran meros puntos de fondeo que se limitaban a aprovechar las características naturales de la costa, sin construcciones artificiales». Sin embargo, en algunos casos, como los de Saguntum y Portus Ilicitanus (Santa Pola), se han hallado almacenes, cisternas de agua y pequen as obras de protecció n, elementos que los ponen en relación con otros puertos importantes como los de Ostia y Puteoli, ambos en Italia. Su notoriedad en la época está vinculada a la concentració n de ciudades y villas cercanas por donde pasaban las mercancí as.
Durante la guerra civil romana (82 a.C. a 72 a.C.) que enfrentó a Sertorio con los gubernamentales -con Pompeyo al frente-, Dé nia le fue fiel al primero y se convirtió en la base naval de é ste en territorio valenciano. En cuanto a Saguntum, el puerto estaba situado a pocos kilómetros del nu cleo interior. Algunos expertos lo han situado en los Estanys d'Almenara, mientras que otros lo ubican en la playa del Grau Vell.
En Valentia se supone que los barcos entraban por la boca del Turia hasta las cercaní as de la ciudad. Se trataba por lo tanto de un puerto fluvial. Algunos autores sostienen tambié n que se comerciaba en un puerto natural de la Albufera.
El Portus Ilicitanus se hallaba en la actual Santa Pola, pero histó ricamente hizo las funciones de salida al mar de la colonia hispanorromana de Ilici. Algo parecido ocurrí a con el Portus Sucronensis (actual Cullera), que funcionaba como puerto de Alzira (la romana Sucro). Portus Ilicitanus fue un puerto provincial muy notable y uno de los ma s destacados del litoral valenciano de la Península Ibe rica, en buena medida como consecuencia de su vinculación a Ilici.
El mapa de distribución de fondeaderos detectados en el litoral valenciano es consecuente con el nivel de investigación zonal. De ahí, la densidad de hallazgos de la costa de Castelló. Se han documentado puntos de fondeo frente a las desembocaduras de los ríos y barrancos: l'Aiguaoliva, les Salines, la Barbiguera, el Sénia, en la costa de Vinaròs y Benicarló, al igual que en las playas de Alcalà de Xivert, Torreblanca, Cabanes, Orpesa, Benicàssim, Castelló, Borriana, Nules, Almassora y Moncofa.
Tambie n en la desembocadura del río Mijares, actualmente con su formación deltaica en retroceso. Diversos asentamientos costeros de época republicana, como el de Torre la Sal (Cabanes) o la Torre d'Onda (Borriana), villas romanas, como las de Nules y Almenara, o puntos con manantiales de agua dulce a menudo están en conexión con fondeaderos.
Al norte del portus de Valentia se han detectado zonas de probables fondeaderos en el Puig, la Pobla de Farnals, Alboraia o el Cabanyal-Malvarrosa. En este u ltimo, al sur del barranc del Carraixet, vía de penetración hacia Edeta, se han desarrollado prospecciones subacua ticas que manifiestan una notable actividad desde el siglo VI a.C.

jueves, 11 de octubre de 2007

Los euros de hace 20 siglos

Diversas ciudades valencianas de la antigüedad acuñaron monedas incluso antes del contacto con Roma a finales del siglo III antes de Cristo (a.C.), tal como explican los expertos que han escrito el volumen segundo de La Gran Historia de la Comunitat Valenciana.

Algunas de estas capitales, como el caso de Valentia, terminaron su producción antes del cambio de era, y en Saetabis se llegaron a emitir piezas con alfabeto latino antes del siglo I a.C.
A partir de Augusto, las ú nicas cecas que subsistieron en el territorio fueron las de Saguntum e Ilici, que pusieron en circulación monedas de cobre de diferentes valores, pero dentro ya de los patrones romanos. Existían varios tipos. Verbigracia, los ases y semiases, «popularizaron el nombre de los magistrados que gobernaban las dos ciudades y que eran responsables de la emisión, al tiempo que los reversos incluí an motivos relacionados con su vida cotidiana», señalan José Manuel Abascal y Jesús Trelis. Saguntum usó generosamente las imá genes de las naves que anclaban en su puerto mientras que Ilici empleó ocasionalmente las enseñ as militares propias de los soldados que había recibido como ciudadanos.
Junto a las emisiones locales, netamente insuficientes para las transacciones diarias, la zona recibió el aporte de monedas emitidas en cecas de la periferia, principalmente Carthago Nova (Cartagena), en las dé cadas finales del siglo I a.C. y en las primeras del I despue s de Cristo (d.C.). A ello hay que sumar el importante volumen de piezas de Roma.
Dado que las emisiones locales desde tiempos de Augusto fueron exclusivamente en cobre, el uso de los ejemplares salidos de las cecas de Saguntum o Ilici no iba ma s allá de las pequeñas compras de alimentos; para las grandes transacciones y para pagos relacionados con compra de tierras u obras pú blicas sólo pudo emplearse la moneda oficial romana, emitida en metales que incluían la plata y el oro, y con valores suficientes para esas operaciones. A partir de mediados del siglo I d.C., el cierre definitivo de las cecas peninsulares dejó en manos de Roma el abastecimiento monetario del territorio.
Respecto a la circulación en sí misma, los análisis realizados sobre las colecciones pú blicas y privadas que hoy se conocen indican que, en las primeras dé ca- das del siglo I d.C., llegaron frecuentemente a la Comunitat Valenciana piezas procedentes de multitud de talleres, incluso lejanos, como los del valle del Ebro, Andalucía o la Meseta. Si en la mitad norte del territorio las piezas de Saguntum son claramente mayoritarias, en la mitad sur, especialmente en el área de Alicante, las monedas ma s frecuentes son las de Carthago Nova.

Por: J. M. Vigara, Valencia

Fuente: http://www.levante-emv.com/secciones/noticia.jsp?pRef=3683_19_355328__Comunitat_Valenciana-euros-hace-siglos

martes, 2 de octubre de 2007

De primipilis et cassidis (Roma HBO)

o de como somos capaces de enrollarnos comentando una peli (II)

Comentarios publicados en el foro de NRHispania tras la emisión de los dos primeros capitulos de la serie televisiva Roma en Diciembre de 2005

Gnaeus Salvius Astur

Veo que la dichosa serie ha despertado el interés de mucha gente.
Espero que no sea algo pasajero.

He visto algunos comentarios sobre si un primus pilus podría tener una casa grande. En realidad, cualquier centurión se convertía en un miembro de la clase media, y viviría en mejores condiciones que las que se indican en la serie. Un centurio primipilus, en particular, era el centurión de más alto rango de la legión (un puesto demasiado importante y prestigioso para una persona tan joven como el personaje de la serie) y, como ya ha indicado Paulus, era un miembro del Ordo
Equester. Un primipilus no viviría en esa casa tan cochambrosa --viviría en un apartamento excelente en la primera planta de una insula(la planta más cara).

En cuanto a los cascos, ya han indicado otros que, aunque se parezcan a los cascos representados en la Columna Trajana, no disponemos de ningún ejemplo ni siquiera remotamente parecido a los cascos que aparecen en la serie. Y se han encontrado literalmente centenares de cascos, de tal forma que se puede establecer una especie de "árbol genealógico" de la evolución de los diferentes modelos de casco. Lo
más sospechoso es que los cascos de la argolla no parecen guardan ninguna relación con ninguno de los modelos conocidos. Por eso lo más probable es que sean fruto de una licencia artística por parte de los escultores de la Columna Trajana -- su objetivo era construir una herramienta de propaganda, y no ser fieles a la realidad. Por eso, entre otras cosas, tienen carrilleras mucho más pequeñas que las de
los cascos reales, que no dejan ver tan bien la cara de un legionario pero que protegen mucho mejor. Ese tipo de convenciones artísticas son relativamente frecuentes en el arte romano.

Otra cuestión: todo lo visto en la breve escena de la batalla es, por lo que yo sé, pura invención. Lo del silbato recuerda a los soldados británicos del siglo XIX, pero los romanos usaban instrumentos grandes de bronce para transmitir las órdenes -- por eso había tubicines (músicos de tuba) y cornicines (musicos de cornu) en las legiones. Y nadie en su sano juicio se hubiera quedado quieto ante una carga gala
sin disponer de las sarisas de la falange macedónica -- les hubieran machacado.
Sólo tenéis que ver un partido de rugby, fútbol americano o hockey sobre hielo para ver que le pasa a una persona que se queda quieta mientras otra persona llega en carrera y le empuja. Los legionarios cargaban en carrera contra el enemigo al toque de tompreta, más o menos como los galos, aunque luego se reagrupaban con más eficiencia y disciplina y substituían un acies por otro. No tenéis más que leer al
propio César para comprobarlo.

Por último, los romanos usaban ropa interior, se llamaba subligaculum (menciones literarias lo confirman), y consistía en un triángulo de tela que se ponía como una especie de pañal (parecido a lo que llevan los luchadores de sumo, pero sin ser en plan tanga). Lo de que los romanos no llevaban ropa interior es una de esos mitos que cuesta erradicar.

Gaius Rutilius Lentulus

Bueno, el tema del ejercito romano es de mis favoritos asi que aqui tengo que intervenir duramente. Aunque no se sabe exactamente la forma concreta los romanos usaban los instrumentos que mencionas para transmitir las ordenes, pero esas ordenes son las digamos "grandes", las generales. Las ordenes para una centuria, como los relevos francamente dudo mucho, aunque es posible desde luego, que se transmitiesen con esos instrumentos. En el estruendo de la batalla hace falta un sonido muy agudo para que sea audible por aquellos a los que va destinado. A mi me parece una solucion muy buena.

La tactica de combate es perfecta. Cuando uno puede cargar carga, pero nadie te ha dicho que la batalla se iniciaba alli, de hecho no tienen ninguna lanza en la mano, claro que es un detalle que se puede interpretar como un fallo de documentacion, pero visto el resto de la serie no creo que sea el caso. Por lo demas, en efecto si una persona corriendo choca contra otra parada se la lleva por delante, pero creo que no has pillado muy bien el concepto de "infanteria pesada". No es una persona, son un monton, empujandose, sosteniendose, agarrandose, escudos cercanos, casi entrelazados a veces, con armaduras, prueba a chocar corriendo contra eso y veras lo que te pasa. Por otro lado los pilums no eran para combatir eran solo para
lanzar, con ellos no se puede parar una carga mas que lanzandolos por su propia construccion.

En este sentido hay una escena que me gusta mucho, que los romanos tambien hacian por cierto, en Troya. En la batalla a los pies de las murallas hay un momento en que el ataque de la infanteria troyana agrupada, en formacion cerrada, contra los otros que estan en desorden es sencillamente empujar. Si lo consideras de una persona contra otra no tiene sentido, dependeria de la fuerza de cada una y de su cansancio, pero no estamos tratando de personas, si no de unidades militares, el resultado es completamente diferente.

El modo en que combaten, salvo la machada de Pullo, tambien es correcto. La espada corta esta hecha para apuñalar y es el movimiento que se ejecuta, rapido y mortal, no son espadas para ir haciendo esgrima por ahi. Su ventaja es el enorme escudo detras del que te puedes parapetar hasta que el enemigo deja un hueco y entonces le ganas por velocidad y lo apuñalas delandolo fuera de combate, de hecho no tiene ni por que ser una herida mortal.

Francamente a mi toda esa escena me parecio brillante, salvo lo de Pullo, ya digo, que es el detalle "de pelicula".

Con todas sus limitaciones, que las tiene y muchas, os recomiendo ver un reportaje que pusieron en "canal de historia". Es parte de una serie de ellos que se llama "Conquista", este se titulaba "Las armas de los romanos" y se pueden ver unas cuantas cosas muy claramente sobre la forma de combatir de unos y otros en la epoca y por que las cosas eran como eran.

Titus Amatius Paulus

En cada centuria habia un cornicer, un legionario que transportaba un gran instrumento de viento (cornu) que tiene un sonido muy potente, no sabemos si transmitian las ordenes del legado por toda la legion o las del centurion de cada centuria, me parece mas adecuado la primera porque el estruendo de notas discordantes de diferentes ordenes seria caotico y letal en batalla. No hay referencias a la utilizacion de silbatos en el ejercito romano y creo que las ordenes de la centuria las daria el centurion a gritos.

En tiempos de Cesar los romanos no usaban los pilum como lanzas sino como has indicado armas arrojadizas antes de la carga al combate cuerpo a cuerpo. Los romanos solucionaron el problema de enfrentarse a enemigos con lanzas con el scutum que por su gran tamanno y curvatura les premitia apartar las lanzas a empujones hasta llegar a distancia de usar el gladius.

El concepto de infanteria pesada que has dicho es el de la falange helenistica, macedonica o griega: una mas compacta de hombres hombro contra hombro apoyandose por su peso y la superposicion de escudos.
Pero los romanos no luchaban apiñados, para lanzar el pilum hay que tener mucho espacio entre lineas (unos 2 m) y hay que dejar algo de espacio entre columnas para poder atacar con el gladius aunque sea una arma punzante, cuando los legionarios se apiñaban solia ser nefasto (como en Cannas) porque no habia espacio para usar las armas.
Ademas de que no puedes ayudar a tu compannero porque estas a distancia de tu compañero, no tienes una mano libre: con la mano izquierda sostienes el escudo y en la otra tienes un arma. Los romanos diseñaron este sistema de lucha precisamente para hacer frente a dos cosas: las cargas desorganziadas de los celtas y la infanteria compacta de los griegos. Tambien la formacion muy cerrada es perjudicial para la estabilidad porque la caida de uno puede producir un efecto domino.

Gnaeus Salvius Astur

Lamentablemente, nuestro parecer (el tuyo o el mío) tiene poca importancia. Lo que importa es lo que digan las fuentes históricas. Y Vegetius, en "De Re Militari" (Libro II), explica cómo tubae, cornua y buccinae eran empleados para indicar la carga y la retirada, el movimiento de los estandartes y otras maniobras similares.

http://www.pvv.ntnu.no/~madsb/home/war/vegetius/dere05.php#14


Además, tal y como Paulus te ha indicado, cada centuria incluía un signifer y un cornicen. También sabemos que las órdenes se transmitían de viva voz por los oficiales (puedes encontrar su lejano recuerdo en el Strategikon de Mauritius).

Las órdenes en una centuria eran transmitadas, por lo tanto, a través de estos tres elementos: por el movimiento del signum, por el sonido de los instrumentos musicales y por los gritos de los oficiales. En ningún caso, que yo sepa, se menciona un silbato como el que aparece en la escena que comentamos.

Por suponer, podemos suponer lo que quieras. La cuestión es que, si el objetivo de esa escena era representar un momento típico en una batalla, no tiene éxito. Ni se produce la carga acostumbrada, ni se transmiten las órdenes de la forma correcta, ni los legionarios arrojan sus pila al enemigo, ni el equipo que llevan es históricamente válido. Y no son los únicos errores que presenta la serie. Incluso en sus reconstrucciones más acertadas (la reconstrucción de calles y casas) hay gazapos importantes. El Forum Romanum tal y como aparece en la serie, por ejemplo, resulta muy familiar a cualquiera que haya visitado Roma... lo cual es muy mala señal. En la serie aparece el Forum Romanum tal y como era en el siglo IV d.C., cinco siglos más tarde, siendo muy diferente del foro de la época de César (antes de que lo preguntes, sabemos perfectamente cómo era el foro en la época de César).

La serie puede gustarte o no (yo pienso ver los siguientes capítulos el martes que viene), y puede tener sus méritos o dejar de tenerlos, pero su corrección histórica no puede defenderse.

Titus Aelius Nero

Estoy totalmente de acuerdo con Astur en cuanto a la verosimilitud del uso del silbato. Expongo mis razones:

a) está arqueológicamente demostrada la utilización del silbato, al haber aparecido en acuartelamientos y campamentos de campaña.

b)Instrumentos como el cuerno, la tuba, etc, son asumibles para dar órdenes generales, es decir, de Estado Mayor, ya que éstos soldados acompañarían además al mismo: es muy poco plausible que aparezcan estos hombres maniobrando al lado de cada centuria, de cada manípulo. Es tácticamente imposible, y además sería poco operativo.

c) El silbato lo ponen en boca del centurión, lo cual. al tener a su cargo las órdenes tácticas sobre centurias y manípulos, inmediatas por demás al área del combate, es lo más lógico y natural.