jueves, 24 de julio de 2003

Tito Labieno

Titus Labienus nació en el año 100 a. c. en la región de Picenum. Era de familia plebeya, pero de pequeño hizo buenas migas con el patricio "popular" César. Al menos César decía que era su amigo desde pequeño. Sin embargo, con el tiempo se convirtió en cliente de Pompeyo, como la mayoría de sus paisanos.

No tenemos más datos de su vida hasta su tribunado de la plebe en 64-63 a.c., cuando promulga junto a un colega de tribunado un plebiscito que permite a su patrón Pompeyo llevar una corona de laurel en los Ludi Circenses y eventos similares. También actuó en favor de César, perseguiendo al viejo senador Rabirius por su supuesta participación en el asesinato del tribuno Apuleius Saturninus en el año 100 a.c. Un golpe de efecto de César para que los "optimates" se dieran cuenta de que podían ser juzgados en cualquier momento.

Cuando César consigue la gobernación de la Galia Cisalpina en el 59 a.c. se va con él a petición de César como parte de su oficialidad. Es una elección que conviene tanto a Pompeyo (Labienus es su cliente) como a César (Labienus es un amigo de confianza).

Participa en la guerra contra los helvecios del 58-57 a.c. con notable habilidad y en los cuatro años posteriores se gana el respeto de César en cuestiones militares. En la gran revuelta gala del 53 a.c. es ya el segundo de César y asume el mando independiente de 4 legiones para parar a los belgas en la región del Sena, pues pretenden unirse a los galos que César sitia en Gergovia. César sufre su gran derrota en esta ciudad, que no puede tomar, mientras que
Labieno vence a los belgas y acoge a un César en retirada.

Quizá en estos momentos Labieno comienza a considerarse a sí mismo un gran general. Lo cierto es que tras el aplastamiento de la rebelión después
de la toma de Alesia, Labieno empieza a distanciarse de César. Es un hombre más militar que político, de carácter franco y algo vanidoso, según sus contemporaneos, a quién el politiqueo de 50-49 a.c. entre César y Pompeyo lo pone pronto entre dos bandos.

César recibe informes secretos de que Labieno cada vez trata más a menudo con el bando pompeyano, del que era antiguo miembro, pero no
desconfía de él. Considera que después de la guerra de las Galias está de su parte.

Cuando Labienus se pasa precipitadamente al bando pompeyano después del cruce del Rubicón, César se asombra públicamente, pero le envía sus pertenencias. Es realmente un misterio el motivo último que le llevó a esa decisión. ¿Acaso ser cliente de Pompeyo pudo más que la amistad de César? ¿Sufría de romanticismo republicano? ¿Se sentía despreciado? Según Dión Cassio, simplemente "Labieno, opulento y cubierto de gloria, empezaba a vivir con mucho más fasto que el que requería su rango. César, que le veía igualarse a él, no le testimonió ya el mismo afecto. Labieno no pudo hacerse a ese
cambio, temió caer en desgracia y se separó de él."

Su paso al bando pompeyano fue recibido por estos como un gran triunfo. Cicerón escribió en una carta "Labieno es un verdadero héroe, desde hace tiempo nada se ha hecho que sea más digno de un buen ciudadano. Este ejemplo tendrá, se dice, innumerables imitadores." Se equivocó a lo grande, ningún otro oficial de César se pasó a los pompeyanos.

En la guerra civil, Labieno fue el mejor general de los pompeyanos y su mejor baza para vencer a César después de la muerte de Pompeyo, pero nada pudo hacer después de Farsalia en Africa, junto a Escipión y Catón. Consiguió escapar y siguió peleando en Hispania, dirigiendo el ejército de los hijos de Pompeyo, Sexto y Cneo. En la batalla decisiva de Munda, el ala derecha de Cneo Pompeyo, bastante novato, sufrió el fuerte ataque de la caballería númida del rey Mogud, aliado de César. Labieno, viendo el peligro, fue personalmente con algunas cohortes a reforzar ese lado y parece ser que murió en el combate consiguiente, ya sea por heridas o por su propia mano para no dejarse coger. Tenía 56 años, los mismos que su viejo amigo César.

Poco antes de morir César dijo de él "Labieno fue el único amigo que me traicionó." No sabía lo que le esperaba, claro.

Galaicus