martes, 26 de agosto de 2003

Aniversario de Pompeya

Estamos de aniversario de una catástrofe (por una vez) no imputable a la especie humana

En los días 24-26 de Agosto del año 79 d.c. el Vesubio decidió que quería agasajar a la amable Humanidad que rizaba sus laderas con viñedos de alta calidad y cubrió de merengue negro bien tostadito a la ciudad de Pompeya, para deleite de los arqueólogos del futuro e inspiración de una cohorte de guionistas, poetas, novelistas y demás canalla que no cesa.

Aunque a los contemporáneos no les hizo maldita la gracia su aspersor de cenizas.

Ni tampoco a Plinio El Viejo, gran sabio de la época, de aquella almirante de la flota de Miseno, que dispuesto a investigar como un campeón el fenómeno en primera línea, para terror de su escolta, no se percató que tanto polvo y gas suelto no eran aconsejables para su dolencia de asma, como da a entender su sobrinito El Joven, y allí quedó con muchos otros, quizá unos 4000.

En fin, un recuerdo a una ciudad y unas gentes que ya son una leyenda, pese a los turistas.

Relato de Plinio el Joven

Un tórrido día del verano del año 79 de nuestra era, un estudiante de 18 años llamado Cayo Plinio (Plinio el Joven) se hallaba, con su madre y su tío (Plinio el viejo), en una villa de la ciudad de Miseno, en la bahía de Nápoles, a unos 30 km del monte Vesubio. El día amaneció normalmente, pero a las pocas horas quedó convertido en uno de los más importantes de la Historia Antigua, pues el Vesubio entró en erupción y sepultó para muchos siglos las ciudades de Pompeya y Herculano. Plinio el Viejo murió ese día, mientras intentaba salvar a quienes se hallaban en peligro, pero su sobrino Cayo sobrevivió y nos legó un notable relato de lo ocurrido, en dos largas cartas al historiador romano Tácito.

He aquí algunos fragmentos de algunas misivas, felizmente conservadas:

"El 24 de Agosto, hacia la una de la tarde, mi madre hizo observar a mi tío una nube de tamaño y de aspecto extraño. No se distinguía bien a que distancia de la montaña estaba, aunque después se supo que se debía al propio Vesubio".

Plinio el Viejo era el jefe de la flota de Miseno. Según el relato de su sobrino, al parecer se dio cuenta que el Vesubio entraba en erupción y decidió cruzar la bahía con algunos barcos en misión de rescate. No pudieron desembarcar en ningún lugar cercano a la montaña a causa del calor y la espesa lluvia de cenizas y piedra pómez (Trozos de lava solidificada), de modo que se dirigieron a la ciudad de Estabias, situada a 5 km. al sur de Pompeya, donde Plinio el Viejo se refugió en casa de su amigo. Desde allí podían ver el Vesubio, del que "Brillaban en varios puntos extensas capas de fuego y llamas impetuosas, a cuyo resplandor contribuía la obscuridad de la noche".

Cualquier esperanza de llevar a cabo el rescate naval fue abandonada, pues incluso Plinio y su gente se hallaban en gran peligro.

Según el relato de Cayo: "Discutieron si permanecer encerrados o aventurarse afuera, pues las casas se estremecían con violentas sacudidas y parecían estar tambaleándose de acá para allá como arrancadas de sus cimientos. Por otra parte, afuera existía el peligro de las piedras que caían, aún cuando fuesen ligeras y porosas".

Al amanecer dejaron la casa por la playa; pero al aproximarse las llamas y acercarse cada vez más insoportables los humos sulfúricos, el valeroso marino de 56 años, que padecía de asma, sufrió un colapso y murió.

Sus compañeros huyeron entonces para salvarse, y algunos fueron a Miseno y dieron la noticia a Cayo. Entre tanto, en Miseno, Plinio el Joven y su madre buscaban un lugar abierto, lo más lejos posible de los tambaleantes edificios.

"Una horrible nube negra desgarrada por relámpagos zigzagueantes dejaba al descubierto masas de llamas, como rayos pero mucho mayores".

Bajo la lluvia de cenizas, Cayo y su madre se vieron "Envueltos por la noche, no con la oscuridad de una noche sin luna o nublada, sino con la de un cuarto cerrado y sin luces.Solo se oían los gemidos de las mujeres, el llanto de los niños, el clamoreo de los hombres. Unos llamaban a sus padres, otros a sus hijos, otros a sus esposas. Muchos clamaban a los dioses, pero la mayoría estaban convencidos de que ya no había dioses y esa noche era la última del
mundo."

"Finalmente, la oscuridad se hizo menos densa, y después, como si se tratase de humo o nubes, se disipó, volvió el día y lució el sol, aunque pálidamente, como cuando se aproxima un eclipse".

La tarde del 25 de agosto - poco más de 24 horas después de haber contemplado por primera vez la horrenda nube que se alzó amenazadoramente sobre el Vesubio - Cayo Plinio y su madre volvían agotados a la villa. Habían escapado, pero otros miles habían perecido y descansaban para siempre bajo una gruesa capa de lava y cenizas.

Plinio el Joven escribió con detalle el caos apocalíptico que se produjo. Sus famosas cartas a Tácito constituyen el primer testimonio conocido de un testigo visual de una erupción volcánica

Lo bueno que le veo a eso es que la muerte por inhalación de gases de azufre es rapidísima, así que, dentro de la tragedia, se enteraron de bien poco, sobre todo, los que respirasen la atmósfera más contaminada (digamos en la proximidad de la erupción). Lo de ser sepultado por cenizas , y respirarlas, no se lo deseo a nadie. Horrible agonía. Y que te arrastre y envuelva una lengua de lava...bufff! Que los dioses los hayan acogido y aliviado del recuerdo de ese último instante.

Links sobre Pompeya

http://www.harcourtschool.com/activity/pompeii/pmpErup.html

Este tiene una muy buena simulacion de la explosion de Vesubio. El resto de la página tampoco tiene desperdicio. Por ejemplo, tiene el relato completo de Plinio, que es difícil de encontrar.

http://volcano.und.nodak.edu/vwdocs/volc_images/img_vesuvius.html

Este está bastante bien, y no resulta morboso, creo.

Contribución de Ennia Durmia Gemina

Con la colaboración de G. Galerius Peregrinator y Gnaeus Salix Galaicus