lunes, 25 de agosto de 2003

Medicina Militar Romana (II)

En el mundo romano, muchos médicos eran griegos, dado que la medicina griega solía tener más fundamentación científica que la romana, y por lo tanto, mejores resultados, en lugar de la medicina romana, que dependía más de prácticas mágicas o religiosas.

Los romanos podían tratar llagas y heridas con ungüentos y pociones, y prepararían medicaciones diversas con plantas y especias. También llevarían a cabo cirugía elemental, aunque, en ausencia efectiva de anestésicos, mucha gente moría a consecuencia del shock y el dolor. Y para muchos de los supervivientes, la ineficacia de los antisépticos de la época implicaba que, a veces, infecciones postquirúrgicas y gangrena consecutiva, en algunos casos, podían acabar en amputación o en algo peor. En aquellos días, el buen resultado de una intervención dependía de que el cirujano fuese experto, fuerte, y sobre todo, rápido.
Los únicos hospitales que existían en el mundo romano, fueron construidos por el ejército en los campamentos de las zonas fronterizas. Los cirujanos militares desempeñaron un importante papel en la difusión de la medicina romana a todo el mundo romano. Fueron capaces de desarrollar sus habilidades en el campo de batalla, tratando a soldados heridos y enfermos, y se beneficiaron de los nuevos tratamientos y medicamentos aportados a medida que más y más pueblos y culturas fueron englobados en el Imperio.

La especial atención que se prestaba al ejercicio y a la dieta habla de la prioridad de mantener el ejército sano. Tanto como ejercicio y dieta, existía la preocupación de la sanidad y de la higiene personal de las tropas. Los romanos elegían los emplazamientos de sus fortines y campamentos con sumo cuidado. Se aseguraban de evitar aguas insalubres y areas de dificil aprovisionamiento de alimentos.Los emplazamientos de los fuertes permanentes tenían acueductos, desagües y alcantarillas para garantizar aguas depuradas.

Los médicos romanos tenían métodos quirúrgicos sorprendentemente avanzados para el tratamiento de las heridas. Esto queda reflejado en su amplia variedad de instrumentos quirúrgicos. Incluyen forceps para extraer proyectiles tales como flechas, sondas, espátulas para aplicar ungüentos, pequeñas palas con una cuchilla en el extremo, horcas para separar el tejido muscular, pinzas, agujas tanto curvas como rectas, y tablillas para piernas. Se recurría a la amputación cuando era necesario. La carne sobre la herida se cortaba sobre el hueso con un escalpelo, pero no sobre articulaciones. El hueso era serrado, dejando suficiente piel colgando. Entonces, el hueso se alisaba, la piel se doblaba encima y se cosía para cubrir el hueso. Este es el método que se empleó hasta la Primera Guerra Mundial. Para tratar el dolor, los médicos romanos recetaban ungüentos y extractos de plantas medicinales que aún se usan actualmente. Esto incluía centaury, empleado para las heridas, las enfermedades oculares y las picaduras de serpientes; escopolamina (henbane), usada como hipnótico; St. John's wort, usado para las patologías sanguíneas; plantain, empleada contra la disentería y las hemorragias; y fenugreek, usado como enema y cataplasma/emplasto. También usaban vino medicinal para curar enfermedades comunes, como catarros y diarreas.

Los hospitales militares se situaban dentro de los campamentos. Había salas separadas para enfermos y heridos. La sala de los enfermos se situaba los más retirada posible, y sólo tenía una entrada. Esto era para aislar lo más posible a los soldados enfermos del resto de la tropa sana. Los enfermos estaban en cama durante unos días, hasta que se recuperaban. Había otras instalaciones y medios asignados para proporcionar cierto bienestar a aquellos que estuvieran tan enfermos que no pudieran incorporarse a sus unidades de combate durante un tiempo.

Ennia Durmia Gemina