jueves, 13 de noviembre de 2003

De la Republica al Imperio: Propaganda y Poder

Uno de los temas de estudio político más apasionantes y amplios de la Antigüedad es cómo se pasó en Roma de un sistema político relativamente representativo como fue la Republica a la autocracia totalitaria del Imperio.

Los estudios sobre el tema abundan, y quizá el más ameno sean las novelas sobre el tema de Colleen McCullough, que reflejan desde el ascenso de Mario a la victoria de Octavio y Marco Antonio sobre los asesinos de Cesar.

Pero algo que éstas novelas no tratan es cómo el gobierno imperial pudo afianzarse gracias a una serie de recursos que han sido una constante en la historia de las dictaduras. Veamos algunas preguntas que vinieron a la mente en nuestras discusiones:

(1) ¿Qué tipo de propaganda empleaba el Imperio para legitimarse?

(2) ¿Qué condiciones prácticas afianzaron la institución del principado e impidieron una vuelta a la republica consular como la del siglo anterior a Augusto?

(3) ¿Hubo muchos intentos por volver a la república consular por parte de algunos miembros de la clase política?

(4) ¿A partir de qué fecha se considera que los cónsules pasan a ser figuras con un poder nada más que nominal?


(1) ¿Qué tipo de propaganda empleaba el Imperio para legitimarse?

Aunque por supuesto no tenía las formas actuales, es obvio que como todo régimen totalitarista el de Octavio necesitaba de algo de propaganda. Ésta es muy frecuente en la literatura de esta época: Veamos por ejemplo la Eneida.

En el pasado artículo de la serie “Lecturas Latinas” Laietane nos deleitó con menciones a Virgilio. Los que la han analizado ven claro que toda la Eneida está escrita para legitimar a Augusto como la culminación de un proceso.

Efectivamente, en el fragmento en que Virgilio describe el escudo de Eneas aprovecha para relatar episodios del futuro glorioso de Roma, que culminarán con la llegada de un unificador gobernante de la estirpe de Iulo que acabará con todos los problemas. Es automático darse cuenta que cualquier romano pensaría que el libro le está haciendo la pelota a Augusto en plan muy fino.

Por otra parte, en varios momentos de la obra se repite que la estirpe de Iulo será la más señalada de Roma, la elegida de los dioses para llevar a Roma a la cumbre, el ejemplo para todas las demás, etc...

No es que aparezca en cada canto, pero el lector acaba captando la idea de que la familia Iulia, como descendiente de Iulo, es lo más elevado a lo que puede aspirar a ser un mortal y la niña mimada de los dioses.

Y eso era efectivo, pues aunque por supuesto consiste de patrañas y falsedades los romanos se creían el argumento de la Eneida a pies juntillas. Desde pequeño a un romano imperial lo bombardeaban con el estudio de la Eneida y el mito troyano.

Pero no es invento augústeo. Ya antes, en la República, se creía como historia muy cierta la guerra de Troya y sus secuelas itálicas: Diomedes, Eneas, Ulises... Los historiadores y las tradiciones griegas servían como prueba. No había ninguna crítica a este mito, más bien se investigaba por dónde habían pasado estos héroes, cuyos viajes se daban por seguros. Aunque por supuesto no afirmaban que fuese tal como lo dijo Virgilio.

Es obvio que en este ambiente tan crédulo con las leyendas populares, la Envida sería un recurso propagandístico demoledor.

Al emperador Octavio/Octaviano Augusto en concreto le debemos bastante de la imagen de Roma que ha trascendido y que hoy tenemos todos. Alguien ha dicho que el imperio de Augusto reposa esencialmente sobre la "teología de la victoria".

Desde la inspiración en una filosofía nacionalista y estoica, de la cual Augusto hace el principio de su régimen, su propaganda exalta la pacificación del universo y celebra el presente como resultado de una evolución providencial desde los orígenes del mundo. Utiliza para ello todos los medios a su alcance: la palabra y fundamentalmente la imagen.

A medida que los conceptos de emperador y estado (res publica) se fueron haciendo sinónimos, todo monumento levantado para propagar la idea del poder de Roma (friso, estatua, arco, relieve) estuvo relacionado con el nombre y la imagen de cada emperador y su familia.

Esto tenía varios objetivos: Por una parte, la fijación de un determinado modelo iconográfico garantizaba la difusión de la carga ideológica que conlleva la imagen del emperador. Y por otra, este modelo cultivado en la metrópoli e impuesto en las provincias garantizaba su omnipresencia y consolidaba su poder, a la vez que funciona como instrumento de romanización y de unidad. En este sentido, se ha dicho también que el uso y el valor de las imágenes en Roma no tiene parangón hasta la aparición de la fotografía moderna.

Además Augusto fue tremendamente hábil en la construcción de su propia imagen. Accedió al poder desde la legalidad republicana, aparentemente acaparando cargos que el propio Senado le otorgaba de forma vitalicia. ¡Siendo el artífice del Imperio, aparecía ante el Senado y el pueblo nada menos que como el restaurador de la República! ("Res Publica Restituta", testimoniaba el arco erigido por el Senado con motivo de la victoria de Actium).

En las Res Gestae, se presenta a sí mismo con todas las virtudes del buen gobernante: Administra, reparte, concede y otorga; es el gran promotor de la obra pública, restaurador de los templos y edificios públicos; amplia y consolida los límites del imperio, funda ciudades y pacifica las provincias...

Pero, no se ocupó solamente de consolidar y restaurar las "piedras", sino que se presentó también como el restaurador de las tradiciones y las costumbres romanas, guardián de la dignidad y la moral pública. Todo ello, claro, en virtud de su "sacrificada" aceptación del liderazgo y de las cargas impuestas por su responsabilidad política, "renunciando" siempre a los honores que el reconocimiento de sus victorias pudieran proporcionarle... Una perla, vaya...

Pero lo cierto es que Augusto supo congregar en su entorno a gran parte de las fuerzas vivas romanas (las que dejó vivas) y orientarlas hacia un proyecto común de reconstrucción nacional, haciendo de su persona un mito vinculado al mito de la propia Roma eterna.

(2) ¿Qué condiciones prácticas afianzaron la institución del principado e impidieron una vuelta a la republica consular como la del siglo anterior a Augusto?

Por supuesto, hubo gente que se debió sentir descontenta con la aparición del imperio colegiado. Pero hubo grupos de interés que impidieron una vuelta atrás.

La más "práctica" de todas fue el ejército. Siempre fue defensor de una comandancia unitaria que ratificara sus privilegios. Tras la muerte de Octavio defendió esa idea basándose en sus descendientes, los julio-claudios, aunque luego se buscó la mejor baza entre sus propios generales. Vamos, que los menos republicanos eran los legionarios, principalmente los influyentes pretorianos.

Después estaban los poderosos grupos civiles de funcionarios, en su mayor parte equites pero también gran cantidad de libertos y plebeyos, que trabajaban en el sistema imperial creado por Augustus y que necesitaban de su continuación para su ascenso social y económico. Tampoco nos olvidemos de las aristocracias provinciales, siempre defensoras de la idea de emperador garante de su poder antes que cualquier revolución republicana de futuro incierto para su posición, como lo habían demostrado las guerras civiles.

(3) ¿Hubo muchos intentos por volver a la república consular por parte de algunos miembros de la clase política?

Tras el asesinato del simpático Calígula en el 41 los hubo. Pero pronto los pretorianos dejaron claro que el imperio iba para largo.

También se piensa que la conjura de Pisón del 65 contra Nerón iba por ese camino. Luego que sepamos no hubo más.

(4) ¿A partir de qué fecha se considera que los cónsules pasan a ser figuras con un poder nada más que nominal?

La opinión de la mayoría es que esta fecha es el 30 a.C., cuando Augusto venció de forma definitiva a Marco Antonio. A partir de ahí el consulado será un título honorífico.

Por Galaicus y Laietanus

Con la colaboración de Fl. Cl. Sl. Davianus Iul. Y M. Sl. Saverius